¿Nos hemos vuelto muy señoritos o muy idiotas?


Vacas #8

 

Hoy voy a empezar la entrada con un chiste sobre un rapaz que había emigrado a Madrid.

Resulta que después de un año en Madrid trabajando de mozo de almacén, a un rapaz al regresar al pueblo de vacaciones parecía se le había olvidado todo lo que tenía que ver con la vida en el campo.

Charlando con el vecino que estaba preparando para acarrear la hierba le iba preguntando el nombre de las cosas:
¿Y cómo dices que se llama esa tira de cuero que le pones a las vacas?
Chamámoslo sobeu, yía pa’ uñir las vacas al carru.
¿Y eso otro?
– Esu las cornales, esu yía el jugo, esu las mullidas… son apeiros.

El paisano del pueblo, entre incrédulo y desconfiado, le iba recordando nombres como la forca, la bielda, la garabita, el gadaño…
– Ho
me, pero no fastidies, ¿no t’alcuerdas de nengún nome d’estus?
No que va. En Madrid es otra vida. Allí no hay este atraso, y la gente habla bien, no como en estos pueblos.

En esto, el que no quería saber nada del pueblo pisa los dientes del rastro que, al hacer palanca, sale disparado pegándole un tremendo castañazo en la nariz; medio aturdido por el golpe, exclama:
Me cagon’el rastrio y la puta que lu paríu!

Demoñe, demoñe, que rápidu recupereste la memoria!

Bien, en los pueblos está pasando algo muy parecido. Muchos vecinos perdieron la memoria. Hasta hace cuatro días todos tenían vacas, gochos, ovejas y gallinas, pero hoy molesta todo. Molestan las ‘cagayas’ de las ovejas o las ‘moñicas’ de las vacas… Molestan que ladren los perros, que canten los gallos, que toquen las campanas de la iglesia.

El colmo es que en algunos casos se ha llegado a multar al dueño de una vaca que cagó en la calle (sí, como lo leen: en este enlace tienen la noticia) o se ha denunciado al dueño de un gallo, o ¡qué se yo!… la gente está muy mal.  Es entendible que si alguien está estresado, va al pueblo en busca de tranquilidad y se encuentra con gallos que cantan de madrugada, perros que ladran a la noche, vacas que cagan por la calle, es normal se le agudice el estrés. Lo malo no es eso. Lo malo es que esas cosas a quien más parecen molestar es a gente para quienes hasta hace cuatro días el cubil de los gochos era una habitación más de la casa.

Respecto a los primeros, cuitadines, se imaginaban algo que no es y que la gente de los pueblos ya sabían: que la vida en el pueblo nunca fue algo idílico. A la dureza del trabajo en el campo, hay que añadir envidias, rencillas, disputas seculares, odios irracionales, ignorancia, etc. Precisamente, eso es lo que está detrás de las protestas de los segundos, de esos que habiendo vivido toda la vida en el pueblo les molesta una ‘moñica’ de vaca y se quejan. Quizás también porque es cierto el refrán de ‘nunca pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió…‘.

No me alargo más. Es cierto que hay que mantener los pueblos cuidados, y evitar actividades molestas, pero… también hay que respetar a la gente que vive en los pueblos. Queremos que se quede gente joven en el pueblo y después nos molesta todo… Que cada cual saque sus propias conclusiones…

En fin. Anímate y deja tu comentario, que seguramente tienes algo que contar.
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24 Respuestas a “¿Nos hemos vuelto muy señoritos o muy idiotas?

  1. No hay nada peor que el cosmopaletismo (bueno, sí que lo hay, pero no viene a cuento ahora.) Hay gente de pueblo que yo conozco desde pequeño qua ahora quieren aparfentar la más “elegante” de las urbanidades. ¡Incluso se atreven a intentar el uso del “he comido”, aquí, en Asturias, y siempre mal utilizado, claro!
    Un saludo.

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  2. No hay persona más ignorante que la que piensa que el trabajo del campo no es duro. Lo único que hace diferente esa dureza con la dureza del trabajo en la ciudad es el entorno, los gallos cantando, las “moñigas” de vaca, etc

    Sólo la gente que valore esa diferencia, podrá valorar la vida en el pueblo…

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  3. Me llama la atención el tema de los ruidos, pues de todos es sabido que donde mejor se duerme es en un pueblo muy pequeño, es lo más silencioso que hay. En cuanto al tema del “atraso”, habría que hablar y matizar tanto… ¿Sabe más de la REALIDAD una persona que ha estudiado la doctri… que diga la carrera de Economía, por ejemplo, que las juntas vecinales que se tienen que ajustar al dinero del que les provee la Mátrix?¿La chica que compra en Zara que la que sabe hacer tela de lino y diseñar su propio estilo?¿Quienes se proveen de alimentos en el supemercado que quienes saben trabajar un buen huerto?.La propaganda en muchas películas e incluso en centros escolares, destinada a lavar el cerebro para que se abandonen cuantos más pueblos mejor, ha hecho estragos.Ellos… son muy listos.Y nosotros… muy descuidados, envidiosos, rencorosos… como dice el texto.Tenemos que cambiar POR DENTRO.Es una de las claves importantes, pero para eso hemos de obervarnos más por dentro…

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  4. Que seria de nosotros sin nuestros pueblines, si ya lo dice la canción… Que sin ella España pérdida es…. En fin esperemos que al igual que en muchas otras cosas se vuelva a lo de antes, o es que nos creemos más listos que nuestros antepasados…. Cuanto tenemos que aprender de ellos…. Saludos y nunca olvidemos de donde venimos y de donde somos.

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  5. Mueita razón tien l’artículu. Alcordéime de una vecina que tengo no mieu puebru, una muyer que siempres tuvo ganáu pero vendióulu ya marchóu a vivir a la ciudá, cuando tornóu al puebru molestába-ye todo, hasta los gatines que tenía la mia madre, chegóu a tal puntu que m’esapaecíenon dous gatos ya un terceiru tornóu envenenáu. Esa xente yía idiota, inculta ya desalmada.
    Por cierto no mieu puebru dizse tanto boñiga cumo moñiga, moñica tamién lo ascueitéi dalguna vé pero menos.
    Salú.

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  6. Dios como me ha gustado este artículo, ya se dice que gallegos y asturianos, primos hermanos. Vivo en un pueblo en el que algunos de Vigo han venido a vivir… y cierto … las campanas les molestan, las gallinas les huelen mal, los vecinos se meten en su vida… y los jóvenes piensan que ser de la aldea es un insulto, que si sus hijos hablan gallego son más brutos y menos cultos,… y si, … también aquí hablan con tiempos compuestos…
    En fin, saúdos desta galega da aldea que vos entende moi ben

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  7. Cuando voy al pueblo de mi mujer, me despiertan los cánticos de las golondrinas que se posan en las cuerdas del tendedor, a veces huele a purines vertidos en los campos y tengo que vigilar que no entren moscardas a cargar la carne o el pescado. Pues prefiero estas pequeñeces, que el ruido del tráfico o las obras, que el pestazo a humos de vehículos o fábricas y en cuanto a las moscas, en la ciudad tengo las mismas que se cuelan por las ventanas…

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  8. Tienes razón. Si quieres vivir con el gochu estás en todo tu derecho y no debe venir a decirte un señorito de ciudad, que hay otras formas más agradables de vivir. Que compren casa en otro sitio y se vaya allí a veranear a gastar y a pagar impuestos municipales y os dejen a vosotros con, “las ‘cagayas’ de las ovejas o las ‘moñicas’ de las vacas…” con los ladridos de los perros y los cantos de los gallos y el toque de las campanas. El pais es muy grande y cabemos todos, los que les gusta compartir el hogar con el gochu y quien no le agrada y quieren dormir sin ruidos.

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  9. Sólo comentaré una cosa, yo soy urbanita de nacimiento, pero desde mi más tierna infancia veraneante de la tierra de mis padres. A mi las campanas de las iglesias y su tañido, el olor a bosta en la calle, los cochinos cantando que quieren comer desde las cuadras y las cagadas de las ovejas lo que hacen es llevarme a cuando era niño, libre de preocupaciones y me quitan el estrés. El que es de ciudad y es gilipollas estará estresado aqui, en pekín y en pokón.

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  10. Yo ya he sacado mis propias conclusiones.
    Hecho de menos el encontrarme mi pueblo como hace años. Cuando todos los ganaderos nos respetabamos entre sí. Cuando cada uno cuidaba de sus fincas y respetaba las del vecino. Cuando los rebaños de ovejas iban de la mano de su pastor con sus perros. Cuando entre todos los vecinos iban a “caminos” o “hacendera” y se mantenían impolutos caminos, paredes, cerramientos etc…
    Cuando todos los ganaderos respetaban escrupulosamente unas normas de “vecerá” y si se causaba un perjuicio a otro faltaba tiempo para pedir perdón.
    Cuando todos se ayudaban unos a otros.
    Como hecho todo eso de menos.
    Para que no haya dudas de donde está ambientado ese texto con una redacción que me es cuanto menos conocida, les invito a conocer un pequeño pueblo del norte de la provincia de León. Mi pueblo. PINOS DE BABIA.
    Donde en la actualidad cualquier parecido con lo que he descrito es pura coincidencia. Encontrareis todas las paredes de piedra destrozadas. Todas las estacas arrancadas y el alambre cortada en pedazos.
    Rebaños de ovejas sin nadie a su cargo pastando por donde les place. Aunque sean fincas privadas de otros ganaderos. Da igual…
    Vacas ocupando indefinidamente todos los caminos del pueblo a modo de corral particular…
    Cabras sesteando en la marquesina destinada a esperar el bus escolar. Etc… Etc…
    Quizás eso sea lo que molesta a el resto de vecinos del pueblo y a los “mozos de almacén” que trabajamos en la ciudad y nos gusta visitar cuando podemos el pueblo donde nos criamos.
    Y quizás no sea envidia, sino lástima, lo que nos provoca el ganadero egoísta e irrespetuoso que pretende arrasar con todo lo que pilla sin importarle tan siquiera el resto de vecinos que conviven con el.
    Y que lejos de mirar por su propio pueblo, donde vive, y de dónde come, pretende explotarlo al máximo en su beneficio propio, sin pagar un real por ello. Incluso usurpando sibilinamente terreno público de todos los vecinos y añadiendolo a su explotación.

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  11. Llevo mas de cuarenta años desde que dejé mi pueblo, allá en el norte de Palencia….mi mente no dejó de oler a gallinas, a cerdo, a escuchar las campanas, a oler a humo….a escuchar el silencio de la soledad de ese pueblo…Vuelvo a el muy a menudo, pues no quiero ni por asomo pensar que se me vaya a olvidar todas esas maravillas con las que conviví tantos años. .Incluso pisar una boñiga es imposible, pues ya no hay ni vacas….casi no hay ni gente. A mi me gusta su silencio….me gusta recordarlo como fue….y vivirlo como es….que no es poco.

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    • Te alabo el gusto. Yo pienso lo mismo. Aunque soy nacido en Zaragoza, mi niñez en los veranos los pasé en dos pueblos distintos, el de mi madre y el de la familia de mi padre. Y ahora de casado, en el de mi mujer y solo puedo decir que el tiempo, corre tres veces más lento que en la ciudad y es un descanso mental absoluto.

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