La vieya’l monte, la invención de la tradición y el ‘efecto pizza’


Hace unos días, a finales del 2018 en las redes sociales hubo una interesante polémica en relación a la llamada ‘Vieja del Monte’ (sic). Todo venía a raíz de la organización el 22 de diciembre por parte de la Asociación Cultural La Parva de la II Cabalgata de la Vieya’l Monte.

Unos días más tarde empezó a circular por las redes un texto de Leoncio Álvarez que pueden encontrar en este enlace, en el que se criticaba a quienes “quieren manipular ignorando la realidad y falsificando los hechos impunemente y de manera masiva” convirtiendo a la Vieja el monte “en algo más del consumo, deformando lo que fue”. A su vez, se denunciaba “la falta de respeto a las tradiciones y a las personas que vivieron con ese mito”. Vaya por delante y quede dicho que suscribo línea por línea lo dicho por Leoncio.

Unos días más tarde, el periodista Javier Callado publicaba un artículo titulado “El nuevo sentido de la tradición” y en algunas redes sociales se montaban espolines a cuenta de la supuesta recuperación de la Vieya’l Monte. Defensores y detractores de esta tradición se engancharon en calurosas discusiones. No faltaron también popes como que dieron su opinión. Así por ejemplo, Trapiello dictó cátedra desde su columna en Diario de León. También A. Vlamaseda, reconocida agitadora cultural del mundo leonesista, parte interesada en el tema, publicó un panfleto donde señalaba: “Hemos recuperado una tradición leonesa que estaba prácticamente olvidada y seguimos trabajando por conservarla y ampliar el conocimiento de la misma porque, entre otras muchas cosas, la ilusión en los ojos de los más pequeños nos compensa de los sinsabores que nos producen algunos mayores”.

Pues bien, con la Vieya’l monte no se está recuperando ninguna tradición, sino que más bien es un claro ejemplo de ‘invención de la tradición’, término que popularizaron E.J. Hobsbawm (un reconocido historiador británico) y T.Q. Ranger en un libro titulado precisamente “La invención de la tradición”. Afirmaban los autores que muchas de las tradiciones que son consideran como antiguas en realidad son recientes y en muchos casos inventadas. Consideran Hobsbawm y Ranger que el surgimiento de muchas tradiciones están ligadas al desarrollo contemporáneo de la idea de nación y el nacionalismo, ya que estas tradiciones tienen un carácter identitario y sirven para promover unos rasgos distintivos propios y/o legitimar ciertas instituciones o prácticas culturales.

Y algo de eso hay en la “Vieya’l monte”; en las redes sociales hemos visto como algunos leonesistas furibundos reburdiaban y saltaban a la yugular de quienes, como I. Martínez Lobo, criticaban la poca rigurosidad en la recuperación de algunas tradiciones y todo lo que estos aquelarres tienen de invento. Y es que, obviamente se quiere presentar a la Vieya’l monte como algo ‘auténticamente’ leonés frente al Papa Noel, o los Reyes Magos. No obstante, y paradójicamente, los que promueven esta tradición se limitan a ‘sustituir’ unas figuras por otras sin aportar nada nuevo. La cabalgata con personajes disfrazados de reyes que llegan de Oriente el día 5 a la noche, es sustituida por una cabalgata con una persona que disfrazada de vieja reparte caramelos y juguetes. Hay una amalgama un poco extraña ya que se cambian las fechas, pero en esencia la ‘vieya’ hace lo mismo que hacían los Reyes Magos.

Bien. Lo curioso es que en la ‘invención de esta tradición’ también se da lo que se conoce como ‘efecto pizza’, término acuñado en los años 70 por un profesor de antropología llamado Agehananda Bharati. Imagino que muchos lectores se preguntan qué es el efecto pizza. Pues bien, resumiendo mucho la cosa, la pizza italiana era muy diferente a la que hoy conocemos. Básicamente era una masa de pan horneada con un poco de tomate (y a veces queso). No era, ni mucho menos, la comida popular que hoy conocemos. Este producto fue ‘exportado’ a los EEUU y ahí empezaron a añadirle otras cosas para hacerla más atractiva (embutidos, verduras, etc). Para los americanos ‘era’ un producto italiano auténtico aunque poco tenía que ver con el original italiano. Esta nueva versión inventada fue ‘exportada’ a todo el mundo, incluida Italia. Hoy en día, nadie duda que ese tipo de ‘pizza’ es un producto genuino italiano, aunque en origen no lo sea.  

Con la ‘Vieya’l monte’ hay un ‘efecto pizza’ en tanto que se quiere presentar como ‘genuino’ lo que no deja de ser un invento, y me estoy refiriendo a la iconografía de cómo es representada.  Si se fijan en la manera cómo se representa la figura de la vieja es la que aparece en “La Mitoloxia Popular del Reinu de Llión” de Nicolás Bartolomé Pérez publicado en 2013. En ese libro, al dibujante (Alberto Álvarez Peña) se le ocurrió dibujar a la vieja con galochas, pañuelo negro en el pelo, arrecadas grandes, toquilla roja, mandil blanco, etc. Se le podía haber ocurrido dibujarla de otra manera. Lo curioso es que quienes, digamos, ‘resignificaron’ esa tradición se apoyan en una iconografía ‘inventada’, surgida de la imaginación de un dibujante.  De esta manera, se comprueba  que la vieja de la cabalgata, todas las artesanías, adornos, etc, lucen de la misma manera que el dibujo original. Al igual que en el efecto pizza, se toma como original algo que es inventado.

Decía Leoncio que “no fue la vieja el monte lo importante, sino su pan”. Mucho me temo que quienes intentan recuperar la tradición no entienden nada de esto.

 

8 Comments

  1. Estimado XXXXXX:
    Tu falta de inteligencia solo es comparable con tu soberbia y tu desconocimiento de cualquier materia. Lo del “efecto pizza” ¿Quién te lo contó? Espera que lo adivino: alguno de tus amigos, esos que dicen saber de todo y luego resulta que meten la pata a la primera de cambio. Empezando por tu colega XXXXX, que de puro inútil que es hasta te imprime una dedicatoria en su diccionario agradeciéndote los esfuerzos que haces en promocionarlo. Eso sí, me quito el sombrero ante el gran despliegue informático que te gastas para todo, dejando evidente que o dispones de un grado de ociosidad sin igual, o que estás simplemente enfermo. Me inclino por lo último conociendo tu pasado y tu presente. A ver si un día te animas a publicar todos sus perfiles de internet y nos echamos unas risas.
    Ante lo que expones te daré solo una recomendación: antes de tirar piedras, ten cuidado que no reboten, porque cuando lo hacen suelen hacerlo a la cabeza. Duelen. Hacen sangre. Y dejan cicatrices. Quizás ahora no lo entiendas ni tengas ganas de hacerlo, pero el tiempo es un excelente doctor que cura todo. Y mejor jurista.

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  2. Yo sigo diciendo que el hecho de asimilar la misma vieya desde rusia a galicia es una barbaridad sin estudiar las particularidades de cada una. Es verdad que todas pueden representar la madre naturaleza y el invierno, pero meterlas a todas en el mismo conjunto es un precio muy barato para la tradición que cada pueblo ha hecho evolucionar como le ha dado la gana. Y sino miramos las particularidades caemos en el error de asimilar todo igual. Mi abuelo me contaba la historia del joven que había marchado a la ciudad y al cabo de tan solo dos años regresaba al pueblo y no sabía nada de Cabreirés, no sabía cuales eran las herramientas del campo ni su nombre, hasta que le manda pisar un rastriellu y le da en toda la cara, es entonces cuando lo reconoce y empieza a jurar en cabreires. Este mismo cuento está en el catálogo de Aarne-Thompson-Uther en todas las culturas donde hay una lengua desprestigiada frente a otra de la gran ciudad, es decir en todo el planeta. ¿En serio nos vamos a creer que el origen es común? No, pues esto es lo que hacemos con la vieya. El ser humano frente a una misma situación habrá creado a la vieya como madre naturaleza, pero no tiene porque ser la misma, sino que los espacios, el ser humano y su propia naturaleza llega a situaciones similares a lo largo de un territorio donde comparte clima y necesidades. Otra cosa es que un imperio romano haya llevado su cultura y por ejemplo las fiestas lupercales hasta el último lugar recóndito del imperio, eso es completamente diferente

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    1. Iván Martínez Lobo:
      Creo que tienes un concepto equivocado de lo que es y lo que no es la tradición oral. En pocas palabras, no hay nada nuevo bajo el sol, y es perfectamente posible rastrear motivos y creencias a lo largo de miles y miles de años, y de continentes enteros. Aquí, los aborígenes australianos que conservan memoria de la subida del nivel del mar tras la última glaciación:
      http://theconversation.com/ancient-aboriginal-stories-preserve-history-of-a-rise-in-sea-level-36010
      Aquí, la leyenda de la Osa Mayor, difundida desde Grecia hasta las naciones indias de Alaska y Canadá a través de toda Eurasia, posiblemente desde época paleolítica
      https://www.aavso.org/myths-uma
      La yerba cabrera y el pajaro carpintero: folklore asturiano moderno, Plinio, literatura sanscrita… Y la América precolombina
      https://www.academia.edu/25794290/La_yerba_cabrera_en_Asturas_las_piedras_reblandecidas_de_los_incas_y_la_b%C3%BAsqueda_del_shamir
      Valga lo dicho para el chiste de “esto ye máxico, pisas nello y dizte como se llama” – “Mecago na garabata!!”
      Somos homo sapiens, viajamos y nos comunicamos. Ye lo que hay.

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  3. Partiendo del principio de que cada uno puede creer en lo que quiera o inventar o modificar leyendas a su gusto, es evidente que se está dando a la “Vieja el Monte” un significado que antes no tenía y, por tanto, no se puede presentar como una leyenda recuperada vinculada a la Navidad, sin tergiversar el sentido de esa leyenda, sacándola del contexto espacial (mundo rural) y temporal (otros momentos del año).
    El aguinaldo tradicional leonés llegaba de manos de los Reyes Magos (padres, abuelos, padrinos), no de ninguna vieja. En la montaña leonesa, este personaje estaba vinculado a la vuelta de las personas que trabajaban en el monte para pastorear o recoger leña (todavía hay personas que recuerdan bien el sentido de la leyenda). Y en la comarca de Omaña (y comarcas limítrofes) se mezclaba con otra variante que se llamaba el “pan de pajarines”, que era el resto de pan de la merienda que se habían llevado al campo y que, a la vuelta, nuestros familiares nos entregaban a los niños. Fuera la vieja la que entregaba ese pan o los pajarines, lo cierto es que los niños lo recibíamos con mucha ilusión (lo he vivido en primera persona). Creo que esa ilusión de los niños es lo único que se puede relacionar con esta supuesta recuperación de la leyenda actual, que convierte a la “Vieja el Monte” en una especie de Mamá Noel mercantilizada. Sería deseable que se explicaran bien los elementos de nuestra cultura, antes de remozar tradiciones y de utilizarlas como un signo de identidad leonesa, ya que esta es una leyenda que, con variantes, trasciende mucho al ámbito leonés y a las fechas navideñas.

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  4. Estoy completamente de acuerdo con Margarita. No tenía nada que ver con la Navidad. Recuerdo con tanta ternura cuando volvía de la escuela y mi tío Leles sacaba el trocito de pan y pinchaba con la navaja la rodaja de chorizo que le había dado para mí la vieja del monte… Nada que ver…

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