León y la perdiz


Hubo un tiempo en que en León fueron abundantes las perdices, ave de trapío que cumple con el patriótico rito, no patriotero, de que “donde nace, muere”, sobreponiéndose a a la dureza de una tierra áspera como la nuestra. Otra curiosidad de esta especie es que, cuando campea orgullosa con su pollada de pocos días de vida y esta ha de dispersarse o mimetizarse con el terreno ante cualquier amenaza, mamá perdiz, conjurado ya el peligro, llama con insistencia para reunir sus polluelos y continuar con las peripecias de su siempre azarosa existencia.

Magnífico ejemplo de abnegación e instinto de protección de los suyos. Nada mal le estaría a León tomar buena nota de la naturaleza e hiciera otro tanto con sus hijos dispersos por el mundo, ya que como madrastra y no como madre, ve partir a muchos de ellos sin ofrecerles una alternativa viable.

La continua sangría de leoneses, diáspora perpetua de jóvenes que buscan horizontes, a veces lejanos, no sólo esta vaciando la provincia sino que la está dejando sin la savia nueva, sin los retoños y pimpollos que pasan a adornar tierras ajenas. Es cierto que León es tierra dura y que se muestra esquiva para que se acomoden en ella sus naturales, pero no es menos cierto que parece que a veces las “fuerzas vivas” de la provincia, se complacieran con este éxodo o al menos se mostraran insensibles a este fenómeno que ya se ha cronificado entre nosotros.

Este proceder, este error de estrategia a largo plazo resultará si no letal si muy oneroso para los haberes del reino. León “exporta” sobre todo personas con formación, formación que resulta gravosa a sus respectivas familias para que después el producto de su esfuerzo se vaya a otros lugares, privando a su tierra natal de los beneficios de su trabajo si éste se sustanciara en su tierra. No se escuchan quejas del trabajo de los leoneses fuera aunque son prácticamente ignorados dentro.

Por eso es prioritario, vital, hoy que se habla de la fuga de cerebros que, a quien compete, asir las riendas de una vez y detener la hemorragia de de emigrantes patrios y hacer lo posible y hasta lo imposible para detener primero y revertir después esta fatídica tendencia. Hay que crear las condiciones óptimas para que regrese la mayoría de los “exiliados laborales”. León necesita, como el aire que respira, tener agentes sociales concienciados que sientan la llamada de la sangre y clamen por sus hijos y hermanos. Si así lo hicieren, el cielo se lo premie, si no, merezcan el desprecio y el castigo de aquellos sus paisanos a los que ignoran y desprecian.

De todos modos, como la confianza en que tal cosa ocurra, es más bien escasa, sirvan estas letras como vulgar canto de perdiz solitaria que desde un leve altozano clama y reclama que los hijos de León retornen a su tierra.

Urbicum Fluminem, enero de 2019

Photo by trebol_a on Foter.com / CC BY-NC-SA

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