Avanzamos poco


Consuela, y no poco, escribir y saber que otras personas, que hasta desde Salamanca, comparten tus mismas ideas acerca de la concepción de León. Cuando decimos León no lo hacemos con el nombre reducido a la provincia sino en la forma explicita de la región, pero tal como ocurre cuando se menciona el país Valencià que acoge Alicante, Castellón y Valencia, igual pasa con León en su forma extendida. Más madrastra que madre sería León si no reconociera a Zamora y Salamanca como partes de un mismo cuerpo.

Hecha esta puntualización pasamos al tema que nos interesa señalar hoy. El pasado día 23 de abril se ha conmemorado la Batalla de Villalar donde los supremacistas castellanos y algunos leoneses como Ramiro Nuñez de Guzmán – ¿qué se le habría perdido allí? – sufrieron una calamitosa derrota que llevó a muchos de ellos al patíbulo. A falta de otras epopeyas que celebrar, los castellanos han impuesto tal efemérides, no sabemos si con la pleitesía de la aristocracia política leonesa, como el día de la fiesta de la Comunidad.

En un principio, fervorosos leoneses se desplazaban en autobuses, puestos gratuitamente a tal efecto, para celebrar la festividad a las campas de Villalar, sin duda muy ajenos a los motivos inconfesables de D. Ramiro Nuñez de Guzmán. Hoy es un día anodino donde el espíritu castellano-leonés brilla por su ausencia en León y, a decir de algunas crónicas, también en el resto de las provincias que no acaban de creer que haya la más mínima cohesión entre ellas que la que puramente supone la dependencia administrativa. Ese espíritu es sólo nominal, inconsistente.

En León podríamos señalar como fecha de más rango que un rey de León, aunque nacido a orillas de río Bermaña en Caldas de Reis (Pontevedra) se proclamaba un 26 de mayo de 1135 como Imperator Totius Hispaniae, es decir tanto como el único emperador nacido en España y al que rindieron pleitesía incluso nobles franceses. Por poner sólo un ejemplo, pero tenemos más: Cortes en León o Benavente, Universidad de Salamanca, Fuero de León, etc.

Pues con todo, un periódico de León publicó ese mismo día 23 lo siguiente: “La ciudadanía de la provincia León se siente más leonesa que otra cosa“. ¿Hasta ahí bien, verdad? Pero continua: “A poca distancia se sitúa el sentimiento de ser castellanoleoneses, que si lo sumamos al sentimiento de leoneses que sólo se sienten castellanos, superan las expectativas de los que sólo nos sentimos leoneses“. ¿Mal, no? ¡Es lo que hay!

¿Conclusiones? Varias: Primera, falta una labor pedagógica, divulgadora e informativa, trabajo de historiadores, universidad, medios informativos, etc. Segunda: Falta de canalización política o al menos de asociaciones que sientan los colores y estén dispuestas a defender decididamente la condición leonesa. Tercera: Falta tener una opinión pública concienciada, formada y combativa. ¿Quedan voluntarios?

¡Seamos un poco serios! ¿De que sirven los desfiles de pendones de Castrotierra a Astorga, ida y vuelta, la romería de San Froilán y otras festividades como la de las cien doncellas y otras de inequívoco sabor propio? ¿Tan sólo de folklore? ¿Ahí se queda todo? ¿Un simple despliegue para la foto o la televisión autonómica que define todo lo leonés como castellano? ¿Un mero cacareo de lo que podemos alcanzar pero no vamos a irritar a nadie, no vaya a ser que nos represalien?

¿Donde está el espíritu combativo de los leoneses que recuperaron Magerit, hoy Madrid? ¿Donde la resistencia astur? ¿Tan bajo hemos caído que ya no nos queda ni la dignidad de honrar a nuestros gloriosos, sí, gloriosos he dicho, antepasados? Ya sabemos que también hay pasajes y paisanajes penosos de nuestra historia, pero es la nuestra, nosotros somos sus herederos, para lo buenos y para lo malo.

¿Alguien ha pensado en el papelón que estamos haciendo frente a esos leoneses que viven en el límite sur, rayando con Extremadura? ¿Alguien cree que nos van a ver como continuadores de un estado independiente, con personalidad? Desde estas humildes líneas y aún sin atribuciones para ello, queremos pedir disculpas a esos leoneses del Sur por la ignavia de los leoneses del Norte incapaces de defender su tierra y su condición.

Nada nuevo por otra parte. Hace muchos años cuando León no tenía universidad propia, pertenecía a la Universidad de Oviedo, se planteó una huelga que desde León no se siguió. Las autoridades académicas asturianas contrariadas mandaron un telegrama diciendo a ver si tenían que mandar un vagón de grano y ahí seguimos. Como gallinas.

Leoneses hay, como dijo un político cordobés, capaces de enfrentarse a un toro, pero impedidos para mirar por su tierra, su pasado, su futuro y lo que es peor, su honra. Se erigen estatuas a Alfonso IX, último rey leonés, en Badajoz a la vez que en León. El postigo de la traición ha pasado a ser el postigo de la lealtad en Zamora. Oporto luce a Alfonso VII de León recibiendo a Egas Moniz desde hace décadas, etc. ¿Y en León que tenemos? Un León naif oxidado frente a la plaza de toros. “Sed tibi terra levis”.

 

Urbicum Fluminem, junio de 2019

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