Últimamente —y cada vez con más naturalidad— he escuchado a diversas personas ‘famosas’ definirse como “neurodivergentes”. Y me parece bien. Bajo esa etiqueta caben quienes procesan la realidad de forma no “neurotípica”, desde autistas, TDAH, Asperger, disléxicos, bipolares, TOC… una lista cada vez más larga. Nombrar es reconocer y seguramente ayuda a quienes en la infancia o adolescencia fueron marginados o maltratados por ello. Imagino que es liberador tener un diagnóstico y poder dar sentido a muchas experiencias pasadas. Imagino también que tener un diagnóstico temprano ayuda; dudo, no obstante, que contar con un diagnóstico, hubiera evitado a estas personas incomprensiones o rechazos en la escuela o el trabajo. Y es que, llevar una etiqueta no hace más comprensivos a los demás; según el contexto, puede reforzar la exclusión en lugar de reducirla.

En fin. Lo que parece claro es que uno de los rasgos de nuestro tiempo es la violencia —sutil o explícita— hacia quien se sale de la normalidad. No siempre ha sido del todo así. Por ejemplo, yo nací y crecí en un pueblo donde todos —o casi todos— éramos no sé si ‘neurodivergentes’, pero sí que no encajábamos del todo en los modelos normativos. No era un problema ya que una memoria prodigiosa, la obsesión con los bichos o el desprecio a las normas y la autoridad no eran una desventaja ‘per se’ o un motivo de discriminación; al contrario, podían ser bien valoradas. Aunque no conviene idealizar —siempre puede haber sufrimiento en sentirse diferente— sí que parece bastante cierto que hay contextos donde esas formas ‘distintas’ de procesar la realidad tienen mayor cabida. Y es que el problema no es la neurodivergencia, sino la rigidez de los sistemas escolares, laborales o sociales y la exigencia de uniformidad, de responder a los estándares.

De alguna manera en el pueblo, cada uno de nosotros conocía las ‘taras’ —y no lo digo en sentido negativo— del resto y por lo general las diferencias se asumían sin necesidad de etiquetarlas. Hoy, en cambio, parece que hay una ‘tendencia’ a definirse y etiquetarse —neurodivergente, no binario, hipersensible— como forma de encontrar identidad y pertenencia, y también como ‘puente’ para comunicarse y que así el mundo entienda por qué haces lo que haces. Lo paradójico es que, con tantas etiquetas, surge otra especie de uniformidad: todos somos “algo”, todos acabamos siendo “bichos raros” y necesitamos que el resto de personas sepa —e incluso acepte— que somos ‘diferentes’. Ahora bien, reconocer esto no significa obviar experiencias neurológicas atípicas que sí necesitan apoyos reales; lo que acá se está remarcando es que no cabe buscar una explicación / justificación biológica a todo lo que se sale de los estándares normativos.

A pesar de que la frontera entre neurología y conducta no siempre es clara, lo que resulta inquietante es ver cómo algunos esgrimen su “neurodivergencia” para amortiguar críticas o justificar conductas inaceptables: hirientes, manipuladoras o abusivas. Es cierto que su cerebro ‘funciona diferente’ y entender las dificultades reales de estas personas —falta de empatía o desregulación emocional, por ejemplo— exige ajustes y comprensión; sin embargo, la crueldad hacia los demás exige una respuesta ética clara. La línea entre diferencia y excusa es fina, pero existe. Ser ‘diferente’ no nos hace impunes en nuestro comportamiento ni nos otorga inmunidad frente a las críticas, seamos ‘neurotípicos’ o ‘neurodivergentes’.

En fin. Es un avance grande que ciertas diferencias puedan ser vistas no como defectos, sino como formas legítimas de estar en el mundo. Es muy positivo que las personas no neurotípicas puedan ser reconocidas y valoradas por lo que aportan —por su creatividad, por su sensibilidad, por su manera de buscar soluciones, o por su forma única de entender el mundo—. Pero, como ya dije, ninguna etiqueta puede ser una excusa para justificar ciertos comportamientos.


No sé… últimamente estoy en modo ‘predicador’. Va, venga, no hagan mucho caso y déjenme darles un último consejo: si les gustó, compartan y dejen su correo para no perderse las próximas publicaciones.


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