Saber de números


Cuando hace días nos explicaban cómo funcionaba la nueva tarificación del recibo eléctrico me acordé que cuando yo tenía unos 6 años había días que no quería ir a la escuela. Mi madre trataba de convencerme de la importancia de aprender.
—¿Quién nos echa las cuentas cuando papá venda un jato? —me preguntaba mi madre.

Yo retrucaba diciendo que se lo podíamos pedir al vecino o a cualquiera de mis tíos. Tratándose de los tiempos que eran, ya el lector puede imaginar cómo solían acabar estas tempranas inquietudes libertarias.  Con una galleta. O dos, dependiendo del humor del día.

Y es que mi madre —a diferencia de muchos padres de esos ‘modernos’ que mandan a sus hijos a la escuela a divertirse— tenía las cosas claras: nos mandaba a la escuela a aprender.  Para ella, entre otras cosas, era fundamental que nosotros supiésemos de números, y que nadie nos pudiese engañar. En este caso, saber de números era saber de ‘economía’ en el sentido clásico y etimológico del término: esto es, ‘la dirección o administración de un hogar’.

Me acordaba de todo eso porque cada día cada día, intentan engañarnos con los números, y lo del recibo de la luz es un buen ejemplo. Hoy saber de números ya no es calcular cuanto va a valer el jato sino que implica saber interpretar las estadísticas y a continuación explicaré algunas trampas.

Si yo les dijese que yo y otros 4 amigos tomamos 5 helados podrían pensar que cada uno tomó uno. Pues no, aunque la estadística diga que por término medio a cada uno le correspondería un helado, la realidad suele ser más compleja: alguien pudo comer tres y otros ninguno. Cuando de ‘medias’ se trata hay que mirar a los extremos y a la mediana, el valor más frecuente; en este caso, dos personas quedaron sin helado y una persona se comió tres. Y me he extendido con el ejemplo porque otro tanto ocurre cuando se habla de ‘salario medio’, ingreso medio, vivienda en propiedad, etc. Los números son tramposos, y más que medias aritméticas hay que mirar la distribución de los que más tienen y los que menos…

Otra trampa es utilizar números absolutos, los cuales —a veces— sirven de muy poco. Así por ejemplo Portugal lleva unos 17.000 muertos por Covid-19, muy por debajo de los 80.000 de España, pero si comparamos los muertos por millón las cifras son muy similares:  en ambos países han muerto unas 1.700 personas por cada millón de habitantes. Quizás lo del coronavirus no sea el mejor ejemplo porque la pandemia no va sólo de números aunque esto del Covid-19 ha venido a mostrar cómo se pueden manipular las cifras y la estadísticas ocultando datos u ofreciéndolos ‘en diferido’, etc.

Con la lectura de los porcentajes también se pueden hacer muchas trampas. Si una academia o un hospital les dicen: “Acá somos los mejores y tenemos una tasa de éxito altísima: es de un 22%”. Dependiendo con qué se compare tal vez es una tasa muy alta, pero en realidad lo que les están diciendo es que 8 de cada 10 personas fracasan en las oposiciones, el tratamiento, o lo que sea. También en el caso de aumentos porcentuales hay que ver los valores de partida; no es lo mismo un 100% de aumento cuando el valor de partida es 2 que cuando son 2.000.000 millones. Ojo, pues, a cuando les presentan porcentajes de algo…

Una trampa más difícil de detectar es presentar dos variables relacionadas estableciendo a la una como causa de la otra; es decir, es decir “la correlación no implica causalidad”. En este artículo de la revista Jot Down lo explican bastante bien y no vale la pena entrar en detalles. Un ejemplo de lo dicho es que —a pesar de lo que algunos les quieran vender— NO hay relación causal entre inmigración y delincuencia. Aquí es más complicado detectar el fraude porque se presentan como evidencias lo que son opiniones y relaciones causales que no son tales.

Es tiempo de bulos, fakes news y manipulaciones y hay que tener mucho cuidado para que no lo estafen a uno, ni económica ni intelectualmente. Hay que desconfiar siempre: conviene mirar las cifras con cautela y darles la vuelta como un calcetín. Lo primero es pensar qué es lo que nos quiere ‘vender’ o cómo nos quieren estafar…

En fin.

Volviendo al recibo de la electricidad y no aburrirlos con consejos, no hace falta ser un lince ni un experto en números para saber que a finales de este mes nos van a dar un buen palo.

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