Imagino que buena parte de los lectores de este blog han leído o escuchado hablar de ‘decrecimiento’, el cual se trata de un enfoque cada vez más presente en los debates sobre sostenibilidad, energía o economía.

Lo primero de todo es aclarar que en términos económicos, «decrecimiento» y «recesión» no son sinónimos. A veces, uno ve a pretendidos expertos en economía o a políticos utilizar el término ‘decrecimiento’ como sinónimo de ‘recesión económica’. Es un error. Una recesión es un periodo en el que la actividad económica de un país se reduce de forma significativa y sostenida. Técnicamente, se considera recesión cuando el Producto Interno Bruto (PIB) cae durante dos trimestres consecutivos. Esta caída suele ir acompañada de una disminución del consumo, la inversión, la producción industrial y el empleo. Se podría decir que la recesión es una fase del ciclo económico que indica un enfriamiento general de la economía. En cambio, el decrecimiento no es una fase negativa del ciclo económico, sino un enfoque o manera de pensar. Se trata de reducir de forma voluntaria y planificada la producción y el consumo, con el objetivo de vivir de forma más sostenible, cuidar el medio ambiente y mejorar el bienestar social. Esta reducción puede ser parte de un ciclo económico, pero también puede ser el resultado de decisiones políticas conscientes.

El lector avispado ya se habrá dado cuenta de que la confusión entre decrecimiento y recesión no es solo un error técnico, sino también una forma de desinformación. Utilizar el término decrecimiento como sinónimo de recesión implicaría —de manera implícita o explícita— que quienes defienden el decrecimiento estarían a favor de las crisis económicas, el desempleo y el empobrecimiento generalizado. Y eso es falso. La filosofía del decrecimiento no aboga por el colapso, sino por una transformación consciente y voluntaria del modelo económico. Propone trabajar menos para vivir mejor, repensar nuestras necesidades y priorizar el bienestar colectivo por encima del crecimiento sin fin. Se trata de una crítica profunda, constructiva y pluridisciplinar a la lógica del «cada vez más», que invita a imaginar formas de vida más sostenibles, justas y equilibradas.

Bien. El libro que hoy recomendamos es Pequeño tratado del decrecimiento sereno, de Serge Latouche, profesor de Economía en la Universidad Paris-Sud XI. En esta obra, Latouche plantea una crítica sólida y provocadora al modelo económico dominante. Con una escritura clara y contundente, desmonta el mito del crecimiento perpetuo y cuestiona una de las creencias más sagradas de nuestra civilización contemporánea: la idea de que el desarrollo económico es siempre deseable, posible e inevitable.

Latouche parte de una constatación incómoda pero ya difícil de refutar: en un planeta con recursos finitos, el crecimiento infinito es una ilusión peligrosa. Siguiendo los pasos de pensadores como Nicolas Georgescu-Roegen y Kenneth Boulding, Latouche denuncia que el actual modelo económico —basado en la producción y el consumo sin límites— está condenado a agotar los recursos naturales y a colapsar bajo el peso de sus propios residuos. Frente a la «economía del cowboy», que saquea el planeta, este autor propone una «economía del cosmonauta», consciente de que vivimos en una nave cerrada donde todo es limitado y conectado.

Pero el autor no se queda en la crítica ecológica. Su propuesta del decrecimiento es ante todo un proyecto político y cultural. Parte del reconocimiento de que nuestra sociedad está atrapada en un círculo vicioso: la publicidad genera deseos artificiales, el crédito permite satisfacerlos, y la obsolescencia programada asegura que nunca dejemos de consumir. En este modelo, el trabajador se convierte en un engranaje de la máquina: trabaja para consumir y consume para poder seguir trabajando, moviéndose sin tregua del supermercado a la fábrica y de la fábrica al supermercado. El crecimiento, más que una promesa, se convierte en un corsé de hierro.

Sin embargo, Latouche no aboga por una caída caótica del sistema, sino por un decrecimiento sereno, reflexivo, justo y democrático. Una utopía concreta que, lejos de ser una evasión, actúa como motor de cambio y generador de esperanza. Su propuesta se articula en torno a un círculo virtuoso basado en las “8 R”:

  • Revaluar: recuperar valores éticos y cívicos como la justicia, la solidaridad, la responsabilidad y la vida del espíritu, frente al culto a la fama y al dinero.
  • Reconceptualizar: cambiar nuestra forma de entender el bienestar, el progreso y la riqueza.
  • Reestructurar: adaptar la producción y las relaciones sociales a esta nueva visión del mundo.
  • Redistribuir: no solo la riqueza, sino también el tiempo de trabajo y el acceso a los bienes públicos.
  • Relocalizar: devolver al ámbito local las decisiones económicas y la producción, para fortalecer la resiliencia y la democracia.
  • Reducir: el consumo, las jornadas laborales, la huella ecológica.
  • Reutilizar y
  • Reciclar: prácticas ya conocidas que adquieren aquí un sentido político, no solo técnico.

En definitiva, Pequeño tratado del decrecimiento sereno es una obra clave para quienes buscan respuestas estructurales a la crisis ecológica, económica y civilizatoria actual. Con lucidez y valentía, Serge Latouche nos recuerda que, como decía Kenneth E. Boulding, “Quien crea en el crecimiento infinito en un planeta finito está loco… o es un economista”. Lejos de predicar el colapso, su propuesta es una invitación a imaginar un mundo más habitable, justo y sensato.


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Una respuesta a «Cuaderno de lecturas – Pequeño tratado del decrecimiento sereno»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Todo es complicado. Lejos de hablar hay que hacer. Y no he leido soluciones sino para que las hagan los demás

    Le gusta a 1 persona

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