Leyendo este libro me vinieron algunas imágenes del pueblo de cuando yo era pequeño. Mi madre solía enviarnos a la tienda a buscar una botella de aceite o cualquier otra cosa. Lo normal era no pagar en ese momento sino que Tresina y Marcelo, los dueños de la tienda, lo anotaban en un cuaderno. Cada cierto tiempo, mi madre acudía a liquidar las deudas. Lo mismo ocurría con Pedro, el panadero de Riofrío, al que se le pagaba una vez al año. Estar ‘endeudado’ formaba parte de la normalidad. Incluso, cuando alguien tenía que afrontar un gasto grande, ‘salía a buscar dinero’ a casa de parientes, amigos y conocidos. Incluso, en el caso del panadero, podía pasar que alguien tuviese problemas para pagar, pero no sabemos de nadie a quien Pedro, muy buen panadero y mejor persona, le negase el pan por mucho que se retrasase en el pago. Y es que, los valores morales y la ética estaban por encima de la economía.
En definitiva, era una época en la que estar endeudado no estaba mal visto porque las cosas funcionaban así. Sin embargo, hubo un momento en que eso cambió y la deuda empezó a considerarse algo reprochable. Precisamente, la lectura de hoy va de eso: de cómo la deuda está ligada más a cuestiones éticas que económicas.
’En deuda: una historia alternativa de la economía’ de D. Graeber es una sólida investigación antropológica e histórica sobre el significado de la deuda en la historia de la humanidad.
En términos de estilo, el libro combina rigor académico con una prosa divulgativa y una cierta ironía. Y en lo que al contenido se refiere, el autor desmonta de forma convincente la narrativa clásica —habitualmente aceptada desde Adam Smith— que sitúa el trueque como origen del dinero y, por derivación, de la deuda. Graeber, basándose en fuentes etnográficas e históricas, demuestra que los sistemas de crédito y deuda existían mucho antes que el dinero efectivo y que, lejos de ser un mecanismo neutro y nacido de acuerdos mutuos, la deuda ha estado casi siempre marcada o definida por relaciones de poder, desigualdad y, también en muchos casos, por la violencia institucional.
Uno de los aspectos más provocadores del libro es la observación de que el imperativo moral de “pagar las deudas” no es un valor universal ni atemporal. Graeber cuestiona lo que algunos consideran una “moralidad natural” y lo vincula con sistemas históricos de dominación, desde la esclavitud por deudas en civilizaciones antiguas hasta las dinámicas contemporáneas de la deuda externa y la opresión financiera en el mundo globalizado. Graeber señala que la deuda es una construcción social en la que se entrelazan aspectos éticos, jurídicos y políticos. Por tanto, el endeudamiento compulsivo de las poblaciones no solo responde a necesidades económicas, sino que ha sido —y sigue siendo— una poderosa herramienta para someter, disciplinar y explotar a comunidades enteras.
A través de numerosos ejemplos, como las proclamas periódicas de condonación de deudas en Mesopotamia o la histórica relación entre guerra, conquista y deuda, Graeber muestra cómo los sistemas económicos y políticos han encontrado en la obligación de devolver lo recibido un mecanismo sutil de perpetuación del orden establecido. El perdón de las deudas y las “amnistías” periódicas aparecían como soluciones desesperadas cuando el tejido social estaba a punto de romperse.
También analiza Graeber otros períodos históricos mostrando, por ejemplo, la forma como el Imperio romano gestionaba la economía de la esclavitud o el peso que tuvieron la Iglesia y los Estados medievales en la contención —o fomento— de las crisis de endeudamiento. Muestra también cómo las relaciones de deuda tiñeron la colonización de América y África o cómo las deudas nacionales del siglo XX se convirtieron en armas de control geopolítico —algo especialmente relevante para quienes investigan formas históricas de violencia y despojo, como ocurre en América Latina.
Lo que viene a poner de relieve Graeber es que las relaciones humanas no pueden quedar reducidas a un simple número en un balance, y en este sentido, señala que el crecimiento del capitalismo ha perfeccionado el proceso por el cual compromisos monetarios se han convertido en obligaciones morales, con lo cual se mercantiliza incluso la solidaridad y la reciprocidad. Pone de manifiesto Graeber que la economía está también ligada a la a ética y a la política, lo cual obliga a reexaminar la supuesta neutralidad del sistema financiero. En este sentido, ‘En deuda’ es una obra que invita a repensar tanto la historia global como nuestra experiencia cotidiana de la economía, y plantea una crítica de fondo al orden moral y político que sostiene el endeudamiento.
Para cerrar, y volviendo a Pedro, el panadero de Riofrío, no hay duda de que es una obligación moral pagar a los demás por su trabajo; no en vano, de quien no cumple sus compromisos se dice que “no paga ni al panadero”. Ahora bien, lo que Graeber muestra es algo más profundo: que, en demasiadas ocasiones, economía y violencia han ido de la mano en la configuración de las sociedades. En ese contexto, lo moralmente reprobable no es estar endeudado o negarse a saldar una deuda injusta, sino utilizar la deuda como mecanismo para explotar, despojar o disciplinar a personas y comunidades.

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