Aunque este libro fue publicado allá por el 2018, tengo que confesar que lo leí hace poco. Había oído hablar de él, pero un día me lo encontré de frente en una biblioteca pública del barrio y ya no había excusas para no leerlo. Ojalá lo hubiese leído mucho antes: me hubiese ahorrado muchos disgustos y preocupaciones. También hubiera podido darle sentido a muchas de las cosas que he vivido en alguno de los trabajos por los que he pasado. Con esto, ya les estoy adelantando una de las principales virtudes de ese libro. ‘Trabajos de mierda’, de David Graeber, pone palabras a la sensación que muchos hemos tenido alguna vez, la de estar atrapados en un trabajo que, en el fondo, no sirve para nada y no aporta nada a la sociedad.
Justamente, Graeber, antropólogo que ya hemos ido citando por acá, investiga por qué existen tantos empleos “inútiles” y qué efecto tiene eso sobre las personas. El autor parte de una pregunta sencilla pero inquietante: ¿por qué hay tantas personas que consideran que su trabajo no aporta ningún valor a la sociedad?
A través de testimonios reales y numerosos ejemplos cotidianos, Graeber explica que este fenómeno no es casual ni una exageración de gente descontenta. De hecho, hay multitud de empleos que existen solo para “aparentar” que se trabaja: informes farragosos que nadie lee, mandos intermedios mediocres que su única tarea es pasar las consignas de los de arriba y, en ocasiones, repartir tareas absurdas a sus subordinados; burocracia, burocracia, burocracia sin fin para justificar la existencia de puestos de trabajo innecesarios. Eso obliga a muchas personas a fingir estar ocupados durante la jornada laboral y así no llamar la atención de sus superiores. Por su parte, muchas empresas cuentan con departamentos enteros que no aportan nada y han sido creados porque las empresas de la competencia los tienen.
Bien. Antes de seguir adelante, hay que hacer varios matices importantes.
El primero es que lo que Graeber define como verdaderos “trabajos de mierda” son trabajos bien pagados, a menudo con títulos rimbombantes, pero que no mejoran nada ni a nadie. Estos trabajos no deben confundirse con los empleos precarizados, mal pagados o desagradables pero socialmente útiles (por ejemplo: limpiadores/as, temporeros agrícolas, repartidores, cuidadores/as de personas mayores, etc); es decir, estos últimos no son trabajos de mierda y merecen el mayor de los respetos. Precisamente, lo paradójico es que, en muchas ocasiones, cuanto más beneficia un trabajo a los demás, menos se suele pagar por realizarlo.
Otra puntualización necesaria es aclarar que Graeber no denuncia a los trabajadores en sí, sino al sistema que crea estos roles absurdos. Lo que busca evidenciar es cómo, en muchas organizaciones, la lógica del poder, la competencia o la burocracia se impone sobre la utilidad real del trabajo.
Aclarado. Volvamos al hilo.
Uno de los aspectos destacables de este libro es la descripción del malestar silencioso que sienten muchos empleados con ‘trabajos de mierda’: esa sensación de que su tiempo y energía se pierden en tareas vacías, lo que puede llevar al aburrimiento, la frustración o, incluso, a la depresión. Estar atrapado en un trabajo donde uno debe actuar como si hiciera algo útil —aunque sepa perfectamente que no es así— no solo afecta la autoestima, sino también el sentido mismo de identidad. Cuando una persona siente que no aporta nada, es como si dejara de existir.
Matiza el autor que incluso peor que hacer un trabajo que no sirve para nada es verse obligado a no hacer nada en absoluto. Está demostrado que un preso prefiere pasarse un año picando piedra antes que en confinamiento total. De hecho, lo de encargar tareas inútiles o no encargar ningún tipo de tarea suele ser utilizado por algunas empresas para ‘castigar’ a trabajadores a los que se quiere echar sin la indemnización correspondiente. Por lo general, quien está en esta situación acaba por irse, en muchos casos, denunciando a la empresa por ‘mobbing’.
Graeber sostiene que la sociedad ha creado una cultura en la que “tener trabajo” es siempre bueno, aunque ese trabajo sea absurdo, y critica la obsesión por aparentar productividad a cualquier precio. Por otra parte, identifica un dilema muy común: aunque el trabajo pueda ser innecesario, es difícil criticarlo cuando es imprescindible para alimentar a tus hijos. Esto lo lleva a cuestionar qué tipo de sistema económico obliga a la mayoría a pasar gran parte del día realizando tareas inútiles o solucionando problemas que podrían no existir.
Pero, más allá de las anécdotas, Graeber, con rigor y una mezcla de humor y compromiso social, invita a repensar radicalmente el trabajo en el siglo XXI. Denuncia el sinsentido institucionalizado en el mercado laboral y ofrece argumentos para imaginar una sociedad donde el trabajo recupere su dimensión humana y transformadora. Eso sí —como el propio autor reconoce— el objetivo del libro no es proponer recetas políticas, sino incitar a pensar y debatir como sería una sociedad genuinamente libre en la que el trabajo vuelva a ser sinónimo de sentido y libertad.
En definitiva, ‘Trabajos de mierda’ es una denuncia pero también una reflexión ‘estimulante’ sobre la importancia de que lo que hacemos tenga —de verdad— una utilidad clara.

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