Leyendo el libro que hoy les recomiendo me vino a la memoria una experiencia que viví hace años en Argentina, cuando cayó en mis manos un informe de la CONADEP titulado “Nunca más”. El documento recogía y sistematizaba testimonios sobre desapariciones forzadas, secuestros, torturas y otras atrocidades cometidas por los aparatos represivos durante la dictadura militar. Su lectura pone los pelos de punta, pero también deja constancia de una voluntad colectiva de afrontar lo ocurrido, esclarecer los hechos, hacer justicia y devolver a las víctimas un lugar en la memoria pública.

Para quienes no conozcan su historia, la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) fue creada por el presidente Raúl Alfonsín con el objetivo de investigar las graves, sistemáticas y planificadas violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura. La Comisión recorrió el país recogiendo testimonios de sobrevivientes y familiares, identificando centros clandestinos de detención y reuniendo información sobre miles de casos de desapariciones. Elaboró inventarios, mapas y registros, clasificó los testimonios y reconstruyó, a partir de toda esa documentación, los mecanismos de funcionamiento del terrorismo de Estado.

Más allá de su valor documental, «Nunca más» representó también un intento de mirar de frente un pasado traumático y de dejar constancia de lo ocurrido para que no pudiera ser negado, silenciado ni olvidado. De hecho, fue un insumo valioso en los juicios llevados posteriormente contra los militares. Imagino que recuerdan la película ‘1985’ protagonizada por Ricardo Darín en la que se recrean estos hechos.

Quizás me he extendido un poco más de la cuenta con Argentina, aunque lo ocurrido allí no es una excepción. Muchos otros países han puesto en marcha procesos de reparación, justicia y memoria. En Europa, países como Alemania, Francia, Italia, Portugal, Grecia y también diversos países de Europa del Este impulsaron —con distinto alcance— juicios, reparaciones, apertura de archivos, rehabilitación de víctimas y políticas de memoria.

Lo que sí resulta una ‘excepción’ es lo ocurrido en España, donde no ha habido una verdadera respuesta institucional. No necesita el lector que yo detalle los porqués, pero lo que es evidente es que en nuestro país nunca se afrontó de manera integral la responsabilidad del Estado, la investigación judicial de los crímenes franquistas ni la reparación de todas las víctimas. Aunque la Ley de Memoria Democrática reconoce derechos y promueve exhumaciones, archivos y reparaciones, mantiene importantes déficits de aplicación e impunidad. Ante esta falta de iniciativa pública, han sido en gran medida los historiadores, archiveros, asociaciones memorialistas y familiares quienes han investigado, reunido testimonios, localizado documentos y fosas, y documentado la magnitud de la represión, cumpliendo una tarea de reconstrucción histórica y social que debería haber asumido plenamente el Estado.

Es en este punto donde entra la recomendación de hoy: “Memoria de las mujeres” de Sol Gómez Arteaga publicado por Marciano Sonoro. Se trata de una obra que nace de la necesidad de dar voz a quienes durante décadas quedaron en un segundo plano dentro del relato de la memoria histórica española.

La obra recoge 25 entrevistas que la autora había ido publicando en el medio digital Nueva Revolución entre octubre de 2021 y septiembre de 2024. No es casualidad que Gómez Arteaga haya dedicado años a este trabajo. Nieta y biznieta de represaliados, en su producción literaria anterior, incluyendo colaboraciones en este blog, hay una sensibilidad especial hacia las personas que sufrieron la represión franquista. En este obra nos presenta a 25 mujeres, ‘herederas’ de esa guerra civil y de sus secuelas.

El perfil de las personas entrevistadas es de lo más variado e incluyen familiares de represaliados, que cargan con la memoria como herencia, y también profesionales —historiadoras, arqueólogas, antropólogas forenses, periodistas, abogadas, cantautoras— que han hecho de la memoria democrática su campo de trabajo. Casi la mitad de las entrevistadas son leonesas, lo que deja ver el arraigo territorial de la autora sin que eso reste amplitud al conjunto, que recoge testimonios de distintos puntos de España.

Cada entrevista funciona como una pieza suelta de un puzle mayor: el de una memoria colectiva construida, esta vez, en femenino. Tres poemas escritos por mujeres abren el libro y anticipan su carácter coral y creativo.
Uno de los ejes más potentes del libro es la idea de que estas mujeres han sufrido una invisibilización múltiple; por su condición de género, por su ideología y, en muchos casos, por haber sido compañeras de quienes perdieron la guerra. El libro las presenta como las «olvidadas de las olvidadas», figuras que sostuvieron la memoria familiar y colectiva sin recibir el reconocimiento que merecían.

Gómez Arteaga no plantea este trabajo como un mero ejercicio de recuperación histórica, sino como una herramienta activa contra la repetición de los errores del pasado. La autora enmarca su proyecto en los principios del Derecho Internacional sobre memoria democrática y no oculta su preocupación por lo que llama el resurgir de discursos autoritarios en el presente; es decir, como en el informe de la CONADEP hay una voluntad de que queden testimonios de lo ocurrido y no se repita el pasado.

«Memoria de las mujeres» es, sobre todo, un libro de sororidad y de deuda saldada. Reúne testimonios tejidos con compromiso, valentía y una firme apuesta por la verdad, la justicia y la reparación. Para quienes se interesan por la memoria histórica desde una perspectiva de género, esta obra ofrece un mosaico de voces imprescindible; las voces de mujeres valientes que sostienen un relato de hechos que, como rezaba el título del informe de la CONADEP, ‘Nunca Más‘ deberían repetirse.


Y, ya que llegaron hasta aquí, no me dejen hablando solo, cual predicador evangélico en el metro. Comenten, compartan o, como dicen en algunos países de América Latina, regálenme un ‘Me gusta’. Esas cosinas animan…


Aprovecho para comentar que, aunque mi relación con las redes sociales es bastante intermitente porque entre otras cosas no tengo demasiadas cosas sobre las que echar bilis, ahí estoy. Les dejo mis perfiles por si quieren seguirme por esos otros lares.

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