Las Hurdes Leonesas y la Segunda República Española


La Cabrera

A principios de los años 60 un escritor berciano, Ramón Carnicer, después de un viaje por el suroeste de la provincia de León publicó ‘Donde las Hurdes se llaman Cabrera”.

A partir de ese momento, la etiqueta de Hurdes Leonesas pasó a ser aplicada ‘en exclusiva’ a la comarca de La Cabrera aunque también en comarcas como Ancares, Fornela o en La Cepeda, incluidas en el Patronato de las Hurdes durante la II República Española, se vivía una situación de pobreza y abandono similar. En las líneas que siguen te lo contamos…

Ya señalamos en otras entradas de este blog que el progresivo deterioro de las condiciones de vida del campesinado de las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX era muy evidente. Concretamente en la provincia de León, un geógrafo llamado Modesto Medina Bravo en el libro “Tierra leonesa: ensayo geográfico sobre la provincia de León” publicado en 1926 señalaba que había comarcas en el partido de Villafranca “pobres y abandonadas, verdaderas Hurdes leonesas

No obstante no fue hasta 1932, con la Segunda República Española, que los gobernantes empezaron a ser conscientes de la desastrosa situación y a tomar medidas para remediarla. Así, ese mismo año, en La Gaceta de Madrid (el equivalente a nuestro Boletín Oficial del Estado), apareció publicado lo siguiente:

En la provincia de León existen dos extensas comarcas denominadas “La Cabrera”, prolongada por su limítrofe La Cepeda, con unos 2.000 kilómetros cuadrados de extensión y 20.000 habitantes, y la región de los “Ancares” con 500 kilómetros cuadrados y 3.000 habitantes, cuyo estado de pobreza y de atraso material y cultural en las distintas actividades humanas son notorios.
Deseando el gobierno, al que hondamente preocupa tan lamentable situación, procurarla el posible remedio, de acuerdo con el mismo y a propuesta de su Presidente, 
Vengo en decretar:
Artículo único. Las Direcciones Generales de Caminos, de Sanidad y de Primera enseñanza designarán cada una un funcionario, los cuales, en unión de un miembro de la Comisión gestora de la Diputación Provincial de León, designado por la propia entidad, constituirán una Comisión que a la mayor brevedad visitará las comarcas aludidas, y como resultado elevará al Gobierno propuesta de las medidas que hayan de adoptarse para remediar la aflictiva situación de aquellos pueblos, determinando la proporción en que hayan de colaborar a ellos los organismos provinciales y locales. 
Dado en Madrid a primero de Julio de mil novecientos treinta y dos. 
NICETO ALCALÁ-ZAMORA Y TORRES 
El Presidente del Consejo de Ministros.
MANUEL AZAÑA”.

Esta comisión, en la que participó el citado M. Medina Bravo, hizo público un informe que destacaba la urgencia de acudir a remediar la situación estas comarcas mejorando las comunicaciones para romper el aislamiento y construyendo equipamientos sanitarios y educativos. Precisamente, basados en el informe presentado, en octubre de 1933 el Gobierno decretó la construcción de varias carreteras, y también de edificios escolares con vivienda para maestros y campo escolar anexos en los pueblos de estas comarcas.

Meses más tarde, en febrero de 1934, en un nuevo decreto el gobierno “adopta una medida de eficaz e innegable trascendencia: y es la de subordinar el problema que presentan determinadas zonas montañosas de la provincia de León al mismo esfuerzo del Patronato hurdano. Parece natural que ofreciéndose entre ambos territorios la mismas singulares características -por su miseria, por su aislamiento, por su abandono- se confíen las llamadas “Hurdes leonesas” a la acción tutelar del órgano de la Administración pública especialmente dispuesto para remediar aquellas lacras nacionales”.

Concretamente el artículo 2º establecía que “Desde esta fecha y ejercitando las mismas atribuciones, delegaciones y competencias del que está investido con relación al territorio de Las Hurdes, el Patronato extenderá su actividad institucional sobre la región denominada “Las Hurdes Leonesas” o en términos más propios “Las Cabreras” -y las que se encuentran en pareja situación-, es decir sobre aquellos núcleos de población con sus respectivos territorios, enclavados dentro de los ocho Municipios de Truchas, Benuza, Castrillo de Cabrera, Encinedo, Peranzanes, Balboa, Barja y Oencia en la provincia de León (…)“. Cabe notar que fueron incluidos tanto municipios de La Cabrera, como de Fornela y Ancares, quedando fuera La Cepeda que sí había sido incluida en las primeras medidas de acción.

El caso es que con la desaparición de la II República estas comarcas volvieron a caer de nuevo en el olvido de las administraciones públicas, quedando paralizadas todas las infraestructuras e inversiones planificadas. Hubo que esperar tres décadas hasta la publicación de lo que era un libro de viajes titulado ‘Donde las Hurdes se llaman Cabrera‘ que, para vergüenza de las autoridades provinciales, denunciaba el lacerante abandono de esta comarca leonesa. Pero esa es otra historia, sobre la que quizás volveremos otro día…

La foto que ilustra la entrada es de Ramón Carnicer

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