Las campañas de saneamiento ganadero: peores que lobos…


Hace unas semanas preparando un pequeño artículo de opinión sobre el declive de la provincia de León buscaba datos sobre la evolución de la cabaña ganadera cuando me encontré con un dato sorprendente.

Revisando las estadísticas ganaderas resulta que en 1985, justo un año antes de entrar en la Comunidad Económica Europea, había en la provincia de León 173.278 cabezas de ganado bovino. Unos pocos años más tarde el número de animales se había reducido en casi un 40%; concretamente en 1992 la cabaña de bovino estaba en 110.754 cabezas; haciendo números, resulta que en apenas 7 años se contabilizaban 65.524 animales menos.

Me acordé que en aquellos años la Junta de Castilla y León puso en marcha diversas campañas de saneamiento ganadero. Como recordarán muchos lectores de este blog, los veterinarios de la Junta visitaban las explotaciones y todos los animales que daban positivo a la brucelosis o a la tuberculosis debían ser sacrificados en el plazo de un mes. Al ganadero lo indemnizaban con las cantidades que establecía la ley, aunque lo pagado estaba muy por debajo del precio de mercado. Además, lo curioso es que estas reses ‘enfermas’ se podían destinar al consumo humano.

Cabe recordar que con la entrada en la CEE en 1986, las provincias del Norte y Noroeste de España tuvieron la mala suerte de que el vacuno y los lácteos fuesen producciones excedentarias. Además era complicado competir con países como Holanda, Alemania o Francia. Por estos motivos, como solución se pensó en reducir el número de explotaciones ganaderas (y de cabezas de ganado) y se dieron ayudas a los ganaderos para que abandonaran la actividad.

Es posible que las ayudas contribuyesen a disminuir el número de animales, pero reducir la cabaña de bovino en una tercera parte en tan pocos años, es sospechoso… Humm, diría que algo huele mal en toda esta historia. Tengo la intuición de que estas campañas ganaderas fueron la ‘excusa’ para reducir los ‘excedentes ganaderos”, aunque no tengo pruebas. En relación a ello, me hubiese gustado saber cuántas reses fueron sacrificadas, por ejemplo, en la provincia de León en el marco de estas campañas de ‘mejora de la cabaña ganadera’, pero no encontré estadísticas. Intuyo que esta estadística de animales sacrificados nunca se hizo pública. Ni se hará.

Mi teoría es que las campañas de saneamiento fueron armadas por los tecnócratas de la Junta de Castilla y León para obligar por la fuerza a los ganaderos a ‘deshacerse’ de los animales. “No queréis cerrar la explotación por las buenas, pues por las malas. Ahí os mandamos a los veterinarios…“. Yo recuerdo cómo fue la historia en mi pueblo, y resulta sumamente curioso que al principio únicamente saliesen ‘malas’ las vacas de los jubilados, después a los del bar, después ya le podían salir malas a cualquiera. El caso es que en tres o cuatro campañas, más de la mitad de las vacas desfilaron camino al matadero. Además en muchos casos, sorprendentemente, las que salían brucelosas o tuberculosas eran las mejores novillas de la cuadra.

Imagino que en Galicia, Asturias o Cantabria, pasó lo mismo, o algo parecido…

Todo muy sospechoso… pero el caso es que los veterinarios iban a full (a saco), como lobos en el rebaño. Parecía que todo se hacía con alevosía y maldad. Se cometieron muchas injusticias y, al escribir esta palabra, me viene a la cabeza la historia de Fidel González, de Cabuérniga (Cantabria), a quien en 2017 le obligaron a sacrificar 53 vacas sanas, porque uno de los animales había dado positivo por brucelosis. Con todos los medios que hay ¿era necesaria esa medida? ¿dónde están los derechos de Fidel? ¿acaso este ganadero no tiene derecho al trabajo, a la propiedad, a la seguridad jurídica, a una vida digna, etc? Porque no sólo le quitan al ganadero los medios de vida, sino que le roban el trabajo de años. Años de seleccionar los mejores animales, de enseñarlos, de cuidarlos, de saber cómo es cada vaca… Ese esfuerzo realizado y esa pérdida no te lo compensa nada ni nadie.

En fin… No me extiendo más. Lo malo es que nunca sabremos la verdad y qué fines esconden estas campañas de exterminio de la cabaña ganadera… perdón, de saneamiento de la cabaña ganadera, quise decir.

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La foto que acompaña el texto es Germán García Adrasti . Que sepan también que el jato de la foto se llama Lalo, es un campeón argentino y vale unos 4.500 euros.