Pérdidas, desapariciones y olvidos: guayalbas, barbos y truchas.


 

Todo ‘progreso’ tiene un coste. Así por ejemplo el pantano de Riaño permitió poner en regadío unas cuantas hectáreas de tierra en el sur de la provincia y aumentar la producción hidroeléctrica; el coste fue el anegamiento de todo un valle y la muerte ‘económica’ de toda una comarca. Un coste muy alto para los montañeses, todo sea dicho.

Igualmente en los años 80 la instalación del alcantarillado en muchos pueblos de la provincia supuso la muerte de la mayoría de pequeños ríos y arroyos de la provincia. Por lo general estas redes de alcantarillado vertían las aguas ‘servidas’ a pequeñas depuradoras construidas al lado de los cursos de agua. Las depuradoras básicamente lo que hacían era filtrar el agua que llegaba y evitar que los residuos fuesen directamente a los ríos, pero no trataban estas aguas residuales. En pocos años la mayor parte de las depuradoras dejaron de funcionar, por lo que la red de alcantarillado pasó a verter los desechos directamente en ríos y arroyos.

Con la contaminación, eutrofización y degradación de los ecosistemas fluviales poco a poco fueron desapareciendo diversas especies de peces como guayalbas (Squalius carolitertii), barbos (Barbus barbus), bogas (Pseudochondrostoma duriense), percas (Perca fluviatilis) o truchas; anfibios; o pequeños roedores como el ratón aguadero (Arvicola sapidus). Y es que es la extinción de unas especies conlleva la muerte de otras, como ocurrió con los mejillones o la almeja de río (Margaritifera auricularia) que desaparecieron casi en paralelo a las truchas (las larvas de estos mejillones se hospedan durante meses en las branquias de éstas).

También los cangrejos de río desaparecieron de gran parte de los ríos leoneses en los años 70 por efecto de una enfermedad (afamicosis) y la mala calidad de las aguas. Y antes habían desaparecido anguilas, relampreas (Lampetra fluviatilis) y otras especies como las nútrias (Lutra lutra), llundres en llionés. Es un suma y sigue…

En fin. No cabe duda de que gracias a las redes de alcantarillado los pueblos son más higiénicos, más limpios y más habitables, pero a cambio los ríos dan pena…

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