Este artículo lo escribí el año pasado, semanas antes que unos pavorosos incendios estivales asolasen numerosos pueblos de provincia de León —donde nací y de donde me reconozco— y, en general, el Noroeste de España. Aquellos incendios sufridos por mis paisanos me obligaron a rehacer un poco el texto sin perder de vista aquel refrán…
Apuntes de Historia (#8): Calor, incendios y ceguera…