Hace mucho que no venía por acá. No son falta de ganas ni de ideas, sino de tiempo. Los cuadernos se me llenan con ideas y apuntes que deberían acabar acá o en un libro. Todo se andará…
Lo que hoy me trae de vuelta es la publicación de un libro que los lectores del blog deberían conocer. Se trata de ‘Desandando. Una enciclopedia abierta’ escrito por Alicia García y Pablo Juárez.
Vaya por delante decir que Pablo y Alicia son amigos míos desde hace casi treinta años. Estas cosas conviene dejarlas claras desde el principio ya que eso no quita ni pone méritos al libro, pero sí que puede ‘contaminar’ la mirada.
El título del libro ya lo anticipa: Desandando. De alguna manera, volver sobre los pasos hacia atrás para encontrar la ruta perdida. O por decirlo de otra forma: caminar hacia atrás, contra el olvido. El subtítulo de ‘Una Enciclopedia abierta’ también define lo que es este libro. Pablo y Alicia han reunido más de doscientas palabras que testifican—con rigor y lucidez— de un mundo en vías de extinción. Se extinguen animales, pero también oficios, costumbres, modos de vida…
Aunque el libro se centra en Vegas del Condado, no es propiamente una historia local. O sí, porque lo local, cuando se cuenta bien, se vuelve universal. Lo que aparece aquí no son historias de Vegas, sino una manera de entender los cambios, las pérdidas, la memoria. Diría que, de algún modo, es un inventario de lo que se fue quedando por el camino en el tránsito a la llamada ‘modernidad’. John Berger decía que él escribía por obligación, ya que hay algunas cosas que si no las contaba él, quedarían sin contar. Y con este libro sucede eso: hay cosas que las generaciones venideras deberán conocer y este libro es un gesto de resistencia frente al olvido, un acto de memoria que quizás se sabe incompleto, local, subjetivo… pero absolutamente necesario.
Es un libro que surge de escuchar, de buscar y de mirar. De escuchar las historias de los vecinos, algunos de ellos ya desaparecidos, de bucear en documentos y archivos y de mirar. Pablo y Alicia son dos ‘naturalistas’ y conocen el medio natural que les rodea como nadie y eso se nota. Por otra parte, hay rigurosidad en lo que se escribe, pero también una mirada peculiar y un análisis certero. A mí eso me gusta, por ejemplo cuando dicen que uno puede saber cuánto de ajeno es alguien a ‘su mundo’ por «el nivel de terror que le produce el estiércol«.
El caso es que a largo de más de 500 páginas que se leen con gusto, todas las entradas van encajando como en un puzzle: se cruzan la Historia con mayúscula con las historias cotidianas, a veces trágicas, a veces divertidas y entrañables. Sí, también hay cariño en ese libro, y en él hay unos cuantos ‘reconocimientos’ a vecinos y amigos. El hecho que el libro empiece con los términos ‘Abacería’ y ‘Abastos’ quizás podría a desanimar a algún lector, pero una vez que te sumerges en la lectura no puedes parar. Porque además es un libro que se puede leer de forma lineal o saltando de entrada en entrada, como quien hojea un álbum familiar o escudriña en un arcón lleno de viejos documentos. Y sí, de vez en cuando te encuentras verdaderas joyas como por ejemplo la que tiene el encabezamiento de ‘Calendario de la naturaleza’, de la cual les dejo un pequeño extracto referido al mes de agosto:
“Las noches de agosto son cálidas, el tiempo parece no moverse, solo sombras de nubes perezosas motean el suelo. En un cielo limpio San Lorenzo esparce sus lágrimas. Estrellas fugaces trazan breves parábolas; hay que darse prisa, si somos capaces de formular un deseo durante el rápido centelleo, deberá cumplirse. En la primera quincena se pelan las judías verdes, y en la segunda pueden darse los tomates plantados a la intemperie; en el aire se respira el cansancio del verano, el calor cae de plano y amodorra, maduran las manzanas de nángel, las peras de espino, las limoneras, las blanquillas, las de agua, las ribas, guindas y frambuesas. A últimos las ciruelas claudias y los peruscos, coincidiendo con la primera cata en las fábricas de miel que antes se realizaba en julio o incluso en junio, pudiendo finalizar a mediados de septiembre; ahora cada año se retrasa más, se comienza después de Nuestra Señora y se puede alargar hasta San Froilán. Toca quitar los garbanzos. Las codornices intentarán pasar desapercibidas, por la cuenta que las tiene. En el paso de un mes a otro, se pelaba el lúpulo mientras su áspero aroma embadurnaba el ambiente”.
En fin…
Únicamente me queda decirles que ‘Desandando. Una enciclopedia abierta’ ha sido publicado por Marciano Sonoro Editores dentro de la colección ‘Memoria de los lugares’. La verdad es que el título de la colección no puede ser más acertado. Decirles también que el libro se puede encontrar en la página de Marciano Sonoro y en las principales librerías de la capital.
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