Unas notas sobre la historia del lúpulo en León (2/3)


En una anterior entrada detallábamos que, a partir de 1937, a pesar de los intentos del primer franquismo por limitar las compras al exterior y obligar a las fábricas cerveceras a comprar lúpulo nacional, se siguió importando lúpulo de Alemania. Ahora bien, en 1945, a causa de la II Guerra Mundial el mercado nacional quedó desabastecido. Las principales cerveceras se encontraron sin una importante materia prima como era el lúpulo.

Para paliar esa escasez, el Ministro de Agricultura, Miguel Primo de Rivera, el 23 de mayo de 1945 promulgó un decreto en el que se dictaban normas para el fomento del cultivo del lúpulo. En este decreto se autorizaba “al Ministerio de Agricultura para concertar, por zonas y con arreglo a las normas que se establecen en el presente Decreto, las funciones de fomento de cultivo del lúpulo con las Entidades que con tal finalidad expresa se constituyan por industriales cerveceros encuadrados en el Sindicato Nacional de la Vid, cerveza y Bebidas Alcohólicas“.

Fueron creadas tres zonas: Galicia con sede en Betanzos (La Coruña), León con sede en Villanueva de Carrizo, y Asturias con sede en Nava.

En ese mismo decreto se establecían las obligaciones de las Entidades concesionarias, entre las que se incluían:

  • Fomentar el cultivo del lúpulo en la zona concedida, con las características y modalidades técnicas y con el ritmo anual de producción que por el Ministerio de Agricultura se señale.
  • Organizar la recogida y distribución de renuevos o esquejes de lúpulo.
  • Construir las instalaciones adecuadas, tanto agrícolas como industriales, sobre la base de disponer de secaderos colectivos para recoger la cosecha en verde al objeto de someterla a preparación ulterior racional y uniforme.
  • Adquirir la cosecha de lúpulo al precio mínimo que fijado por el Ministerio de Agricultura, sin perjuicio de estimular a los cultivadores con la concesión de primas por calidad o por rendimiento en aquellas zonas que se estimen interesantes.
  • Conceder anticipos y créditos en metálico, con el fin de facilitar las nuevas instalaciones y cultivos
  • Contribuir económicamente a los gastos que origine el fomento de cultivo de esta planta, con la aportación de una cuota anual en proporción con los beneficios de la Entidad.

A cambio el Estado se comprometía a ayudar a las empresas concesionarias en aspectos como preferencias en la distribución de fertilizantes, y la importación de elementos de trabajo que no se encontrasen en España. Se establecía también que “las importaciones de lúpulo serían entregadas, con carácter preferente, a las Entidades concesionarias para su distribución y consumo“, y se facilitaba “a las Entidades concesionarias los asesoramientos agronómicos indispensables para el cumplimiento de su misión“.

De igual manera, como resultado de ese Decreto, en noviembre de 1945 se constituyó la Sociedad Anónima Española (S.A.E.) de Fomento del Lúpulo, con domicilio en Avd. José Antonio de Madrid siendo fundamentales Alfredo Mahou de la Fuente, Francisco Gervás y Cabrero y Angel Suardíaz Martínez. Esta sociedad se constituyó por 15 años prorrogables, y entre el objeto de la sociedad aparecen:

  • Fomentar el cultivo del lúpulo en la zonas concedidas con las modalidades, características y ritmo que se determine por el Ministerio de Agricultura.
  • Construir las instalaciones agrícolas e industriales para el mejor desarrollo del cultivo.
  • Adquirir la cosecha nacional al precio mínimo fijado por el Ministerio de Agricultura.
  • Conceder a los cultivadores primas por calidad y rendimiento, y crédito en metálico para facilitar y ampliar los cultivos, organizando la recogida y distribución de renuevos.
  • Pagar una cuota anual de los beneficios al Ministerio de Agricultura.
  • Distribuir el lúpulo entre los asociados.

Aparecían diversos otros artículos en los que por ejemplo se mandaba “integrar en la sociedad a todas las entidades y particulares propietarios en España de Fábricas de Cerveza, en proporción a los cupos de fabricación con un fin de cooperación y mutua ayuda” (art. 3), se establecía el capital social (art. 4) o el accionariado el cual estaba compuesto por las fábricas de cerveza del momento, entre ellas El Aguila, Damm, La Cruz del Campo, Cervezas de Santander, Hijos de Celestino Mahou, La Huertana, Moritz, La Cruz Azul, Juan y Teodoro Ruiz, o La Salud.

Posteriormente se fueron otorgando poderes para comprar fincas y diversas personas en Betanzos, León, Oviedo y San Sebastián fueron autorizadas para que en nombre de la sociedad procediesen a abrir cuentas corrientes. En León el encargado fue Valeriano Campesino Puertas y ahí empezó una interesante historia para la provincia de León.

Cabe recordar que ya a raíz de la creación de la Sociedad de Fomento del Lúpulo se habían iniciado experimentos con el fin de aclimatar las variedades lupulares norteeuropeas a las características geográficas españolas. En la provincia de León, habían sido elegidas las riberas del Órbigo, Bernesga y Torío puesto que se conocía de la existencia de variedades autóctonas de crecimiento espontáneo al lado de los ríos. En 1946 en el Boletín Divulgador de la Cámara Oficial Agraria de la provincia y en 1948 en Economía Leonesa aparecieron los primeros artículos animando a los agricultores leoneses a introducir este cultivo.

No fueron fáciles los inicios, aunque hubo varias personas clave en la difusión del cultivo, como A. Mantero, Fco. J. Arcenegui y Valeriano Campesino, especialmente este último. De origen zamorano y representante de unos laboratorios de farmacia en esa provincia, V. Campesino 1935 se trasladó a vivir a León al considerar la flora de esta provincia como una de las más ricas del país. Conocía el lúpulo silvestre y en 1950 se puso en contacto con la S.A.E. de Fomento del Lúpulo, exhortándolos al cultivo del lúpulo en la provincia de León.

Como ya señalamos, la S.A.E. de Fomento del Lúpulo nombró apoderado al mentado V. Campesino quien llevó a cabo una importante labor divulgadora entre los agricultores leoneses. Iniciadas las primeras pruebas, en las comarcas del Torío y Bernesga apenas se le prestó importancia, ya que a diferencia por ejemplo del trigo o las patatas era un cultivo de dudosa utilidad y exigía una instalación que era muy costosa. Sin embargo, el lúpulo tuvo muy buena acogida en la ribera del Órbigo; ya en 1949 se firmaron 34 contratos y año a año aumentó exponencialmente la superficie cultivada, A ello ayudó la labor de Valeriano, trabajador incansable, y con un carácter muy afable que trataba directamente con los agricultores y a quienes trasmitía confianza y entusiasmo hacia el ‘nuevo’ cultivo’; también ayudó el hecho que la S.A.E. de Fomento del Lúpulo empezase a conceder primas por planta cultivada, y facilitase utillaje, fertilizantes, químicos y otros elementos necesarios para el cultivo. En 1952, considerando el tirón que estaba teniendo el cultivo en la comarca del Órbigo, fue construida la factoría de Villanueva de Carrizo.

En el mapa pueden ver cómo se fue expandiendo el cultivo del lúpulo y cómo en muy pocos años ocupó las principales vegas de la provincia. No obstante, en el mapa no aparecen todas las áreas de cultivo, ya que por ejemplo en localidades como Ferreras de Cepeda, en la ribera del Barbadiel / Valeo llegó a haber 8-10 familias productoras de lúpulo.

El caso es que en muy pocos años, León pasó a dominar el mercado nacional; de 7 Has. cultivadas en 1950, se pasó a 1.1950 Has. en 1983 ,copando la provincia de León prácticamente el 100% de la producción nacional de lúpulo. No en vano se le llamó el ‘oro verde’.  Era un cultivo que, a pesar de la alta inversión inicial exigida y que era muy intensivo en mano de obra, era enormemente rentable. Los precios de cada año eran publicados en el BOE y la compra de las producciones estaba garantizada por contrato; para que se hagan una idea, en 1983 una hectárea de lúpulo ofrecía un rendimiento de 654.642 pesetas frente a las 197.274 ptas. de una de remolacha azucarera o de 223.770 ptas. de una sembrada de patatas.

Con todo esto llegamos a 1986, año de entrada en la Comunidad Económica Europea…

Para saber más:

  • Breuer, T. (1985): “El cultivo del lúpulo en España: desarrollo espontáneo y regulación orientada hacia la demanda”. Paralelo 37, Nº 8-9, págs. 117-136 (lo pueden descargar acá)
  • Río Lozano, V.A. del (1972): “Contribución al estudio del Humulus lupulus (L.) I. El cultivo del lúpulo en España”. Anales de la Facultad de Veterinaria de León, vol. 18, 1; págs. 353-375.

5 Comments

  1. Muy interesante saber como empezó….. Mi familia se dedico toda la vida al cultivo de el lúpulo y me trae gratos recuerdos… Aunque también de mucho trabajo…. Pero la vida es así el que algo quiere, algo le cuesta y mis Padres con 2ha. De lúpulo sacaron a la familia adelante…

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    1. En mi familia se cultivo lupulo hasta la jubilacion de mi padre, ningun hijo nos dedicamos al campo por distintas razones. Mi abuelo antes del lupulo cultivo opio y manzanilla para alguna farmaceutica de la que no recuerdo haber dicho el nombre, asi que es factible que igual que le intereso esos cultivos, le interesara despues el lupulo. En casa se sembraban patatas para consumo del año, alubias, trigo, cebada o centeno en lo alto, remolacha que se llevaba a la azucarera de Veguellina de Orbigo y el lupulo,… de este ultimo guardo buenos recuerdos, mucho mejores que de la remolacha,… que frio, que niebla, que de trabajo daba la condenada. El lupulo era un cultivo de mas corta dedicacion… en semana santa podabamos, y luego cuando iban saliendo los ruchos se tensaban alambradas y se ponian las trepas por las que treparia las plantas de lupulo. El trabajo mas pesado que era sulfatar y regar lo hacian mis padres, pero al final tocaba ir… y la pela del lupulo era muy intensa pero yo me divertia mucho con mis hermanos menos cuando te arañabas,… tapados hasta arriba en pleno mes de agosto,… pero como ibamos al amanecer no era tan duro. Gracias por lo que has escrito.

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  2. Jose Garcia Los lupuleros se enriquecieron en esta provincia, hace años, a costa de los que ibamos a ganar unas pesetas porque en casa había necesidad .Trabajabamos sin saber a cuanto nos iban a pagar el kilo de lúpulo recogido, sin “saber” lo trucadas que estaban las balanzas de pesar, sin asegurar , sin ningún contrato de trabajo, sin seguridad social. Y lo que es peor de todo que, por la necesidad de llevar unas pesetas para ayudar en casa, no nos parábamos a pensar que nos estaban explotando como se podía explotar en América a los trabajadores del algodón.

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    1. Jose, muchas gracias por tu comentario. Ricos, ricos, lo que se dice ricos, creo que se hicieron muy pocos con el lúpulo. Era un cultivo muy rentable, pero que exigía una fuerte inversión inicial y mucho gasto (abonos, sulfatos, jornales…). Y sí, es cierto que se pagaba una ‘miseria’ pero las condiciones eran mucho mejores que otros trabajos (p.e., patata o remolacha).

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