Doce tipos de veraneantes que te vas a encontrar este año en tu pueblo…


Se acerca agosto y, a pesar del Covid-19, cual golondrinas los veraneantes van, poco a poco, regresando al pueblo.

Como diría mi madre “Que bien están los veraneantes cuando están lejos“. Y es que, a veces, quienes cada año regresan al pueblo a pasar las vacaciones pueden ser un incordio… y no lo digo únicamente por los virus que este año puedan traer.

Acá, en clave de humor, te presentamos una tipología de personajes que acostumbran a aparecer por los pueblos en estas fechas.

1. Los devotos de la Virgen del Puño

Estos veraneantes nunca fallan con su cita con el pueblo, aunque parecen olvidar la cartera en su lugar de residencia habitual. Y es que nunca tienen dinero a mano a la hora de pagar una ronda en el bar, por ejemplo. O salieron de casa sin la cartera, o no tienen suelto o cuando la encuentran alguien ya pagó. “La próxima la pago yo“, dicen. Pero nunca hay próxima vez, porque siempre encuentran una excusa. “Uy, se me hace tarde para ir a comer. Marcho pa’ casa. Mañana pago yo“. Sí, mañana, mañana, tomorrow… Ese día que nunca llega.

Este tipo de veraneante ‘rácano’ conoce donde se celebran todas las fiestas de los pueblos donde dan comida gratis y manejan una agenda llena de eventos. Esta noche, sopas de trucha no se dónde… mañana, paella popular en el otro lado… el sábado, chocolatada en… Es un sinvivir. No descansan. Lo malo es cuando se le juntan dos fiestas en pueblos diferentes en las que dan ‘papeo’ gratis…

Les encanta que la gente del pueblo les regalen huevos, lechugas, patatas. “¡Qué buena pinta que tienen esas lechugas! ¿Ya son nuevas esas patatas?” le dicen a la paisanina que regresa de la huerta con el caldero lleno de verduras. Se saben todos los trucos para dorar la píldora…

En fin. Es gente que vuelve al pueblo a veranear para ahorrar.

2. El ‘aviador’

Así le llaman en un pueblo de la ribera del Porma a los veraneantes que que empiezan la mayoría de las frases por “Había que…“. “Había que limpiar las zarzas del camino al cementerio” “Había que poner una señal en…” “Había que, había que, había que…” Lo peor es que se lo dicen a la gente del pueblo, que ya bastantes ocupaciones tiene.

¿Había que limpiar el cementerio? Pues sí, que coge una hoz y una forca y ponte a ello, porque siendo veraneante, tiempo no te falta. Mucho “Había que, había que…“, pero no te preocupes, que nunca los verás echar mano a nada.

3. El ‘cuzo’

‘Cuzo’ en leonés es fisgón / oledor. A este tipo de de veraneantes les gusta enterarse de todo. Es de esta gente que se encuentra con un ganadero del pueblo y antes de saludarlo ya lo sometió a un interrogatorio cual inspector de la Agencia Tributaria: “¿Cuántas vacas tienes? ¿Cuánto vale una vaca? ¿Cuánto te dan de ayuda por la PAC?“. Con cualquiera que se encuentran hacen lo mismo. Preguntas y más preguntas. Lo peor es que se hacen los tontos y detrás de esas preguntas, inocentes en apariencia, hay mala intención.

La gente ya los conoce y, a veces, los saca malpareciendo “Pero vamos a ver, no seas ‘cuzo’ ¿te pregunto yo a tí lo que ganas y lo que tienes?“. Otra opción es contarles una bola para tomarles el pelo.

4. Los raterillos

A este tipo de veraneantes no les dedicaremos mucho tiempo. Son los típicos que salen a pasear y cuando pasan al lado de una huerta o unos frutales aprovechan para aprovisionarse. También les encanta quedarse con herramientas ‘olvidadas’…

Pero alma cándida, pide las cosas, pídelas. No las robes. ¿Quién te va a negar una lechuga o media docena de pimientos? Y déjate de robar las herramientas que los paisanos dejan por ahí.

5. El ‘abogao’ de secano

Este tipo de veraneante, aunque no tiene estudios y trabaja en cualquier trabajucho no cualificado en Barcelona o Madrid, conoce todas las leyes. Es un ‘abogao’ de secano. Le fascina hacerse el entendido delante de los paisanos del pueblo. No suele tener ni idea de nada pero opina, opina y opina, mentando leyes y normas para que la gente vea que tiene razón y que la su opinión está bien fundamentada.

Lo malo de esta gente es cuando, después de estar todo el año fuera, se inmiscuyen en los asuntos del pueblo participando, por ejemplo, en el concejo de vecinos de agosto. Ahí opina de todo lo que no le compete: que si el reparto de quiñones… que si el monte… que si la reparación de la iglesia…

6. El resentido

Este tipo de veraneante es el que hace bueno aquel refrán que dice “Nunca sirvas a quien sirvió y debas a quien debió“. A veces, estos veraneantes eran los más arrastrados antes de marchar del pueblo pero vuelven de vacaciones y no hay quien les tosa. Parece que todo el mundo le debe favores. Además les molesta todo, las vacas, los perros, los gallos… Siempre van vestidos de punta en blanco y ‘caminan siempre tan erguidos que parece que les hubieran metido un palo por el c__ Por lo general, se limitan a saludar a otros veraneantes, y parecen no conocer a la gente del pueblo.

Uno se pregunta porque este tipo de veraneante regresa al pueblo, si tanto lo odia. Pero en realidad es gente que se odia a sí misma… que odian sus orígenes y tienen un tremendo complejo de inferioridad, pero allá cada uno con sus traumas.

7. El/la mosca muerta

Estos no suelen ser del pueblo, sino que suelen estar casados/as con alguien del pueblo. Es gente que parece que no ha roto un plato en su vida. Siempre tan educados, tan discretos ellos, tan… Pero, ay, cuando salen de fiesta sin el respectivo cónyuge. Beben dos cubatas y aparece del Dr. Jekyll. O bien le tiran los tejos a cualquiera que tenga dos patas o se enloquecen buscando sustancias estupefacientes. Y ahí se descubre el tomate. “Madre mía, madre mía… Vaya con el/la mosca muerta“.

8. El/la cotilla

A excepción del mes de agosto que están en el pueblo, el resto del año este tipo de veraneantes vive a miles del kilómetros, sin embargo están al día de todos los cotilleos o ‘chismes’ del pueblo. A veces, muchas veces, saben cosas que ni la propia gente del pueblo sabe. Saben quien se enfermó de esto o de lo otro. Distribuyen los ‘chismes’ y cuando no los inventan…

¿Cómo se enteran de todo? Pues muy fácil, trabajan en red con los/as cotillas del pueblo; es decir, tan pronto como les llega algún rumor, el WhatsApp y el teléfono móvil empiezan a trabajar hasta que la batería ‘echa humo’. Llaman a unos y a otros hasta que se enteran de todos los detalles del suceso.

9. El ‘alabancioso’

Este tipo de veraneante está en vías de extinción, pero alguno queda. Suele tener un trabajo de mier… en la capital pero cuando regresa al pueblo le gusta ‘aparentar’ que no se priva de nada y que es un sibarita en cuanto a gustos. Cuando entra al bar por la mañana no pide un vino como el resto de los paisanos, exige que sea un Rioja o un Ribera del Duero. Dice que el vino ‘corriente’ le da ardor. Y a la tarde en vez de tomar cerveza como cualquiera, pide un gintonic con mucho hielo y una rodaja de limón, pero tiene que ser de Tankeray, Beefeter o alguna marca rara. Al final se acaba conformando con el Larios, aunque regatea los dos euros y medio que le cobran por el cubata. El domingo pide vermú y le encanta presumir delante de los paisanos del pueblo de lo que pagó por una mariscada que comió en tal o cual ocasión. Presume de móvil caro y con prestaciones. También se vanagloria de ir de vacaciones a no sé dónde…

Lo malo es que todo el mundo sabe que es un ‘arrastrao’, que hoy un móvil caro lo tiene cualquiera, que una mariscada está al alcance de cualquiera, que un vino de Rioja lo puede beber hasta el más hortera…

10. El reportero / camarógrafo

A estos hace años era más fácil identificarlos, hoy con los móviles van camino a la desaparición. Antes, siempre llevaban en la mano una cámara de video y lo iban grabando todo. En la procesión en vez de ir detrás del Santísimo, como todos los mortales, se colocaban en cabeza grabando. En el baile nunca los veías bailar, siempre dando ‘pol saco’ cámara en mano…

Una característica de este tipo de ‘veraneantes’ es que son unos pesaos. Primero, sin permiso, te meten la cámara encima de las narices y además les hace gracia cuando les dices: “Que no me grabes más tontalián, que te suelto una host… en los morros“. Suele ser gente que ‘tortura’ a la familia pasándoles vídeos de varias horas de duración sobre la fiesta de tal o cual sitio, o del partido de fútbol de solteros contra casados.

Como les decía, ahora con los móviles la cosa empieza a cambiar ya que lo comparten todo por Whatsapp o en las redes sociales. Suelen manejar rudimentarios programas de edición de video y una vez grabado el video, le ponen una canción lo más ñoña posible y ¡ya está listo para ser compartido!

Pesaos, que sois unos pesaos. Que no, que no nos interesan lo más mínimo los vuestros patéticos vídeos…

11. El morugo

El veraneante ‘morugo’ es el que llega al pueblo y no saluda a nadie. No sale al bar, ni se relaciona con nadie. No sé sabe si está de vacaciones o de fin de semana. En realidad, de este tipo de veraneantes no se sabe casi nada. En ocasiones, son gente que nació en alguna ciudad y compró casa en el pueblo para veranear, y la gente y las cosas del pueblo no les interesa lo más mínimo. En fin, ¡allá ellos!

12. El que no se entera de nada.

Este es un tipo de veraneante que no se entera de nada. Le gustan los bares y ‘alternar’ con unos y otros. No le interesa casi nada del pueblo o muy pocas cosas. Va a pasar las vacaciones al pueblo porque tiene familia allí y además le gusta el pueblo.

Acostumbra a meter la pata en comentarios que hace, aunque no se lo suelen tener en cuenta. Es de estos que pregunta a alguien por su mujer cuando acaba de enviudar… No pregunta con mala intención, pero a veces parece que se crió en Marte. “Pero, ¿no sabías que…?” le suelen decir. Y la respuesta es casi siempre la misma: “Pero yo ¿qué voy a saber?, ¡si estoy todo el año fuera!“.

Seguro que eres veraneante y no entras en ninguna de esas categorías, así que no seas morugo/a y, si tienes algo que decir o criticar, comenta acá y no en el Facebook…

11 Comments

    1. Has olvidado el que llega pensando que el pueblo es tierra sin ley, aparca donde quiere, hace todo el ruido que quiere y más, exige fiestas, todo fiestas, para veraneantes( si son pagadas por el ayto mejor)… el problema es que suelen ser cómplices de la gente del pueblo.

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      1. Yo soy del tipo “Acuerdero”.
        Llego al pueblo y me encanta.
        Me acuerdo de mi niñez.
        Me acuerdo del 1er beso de mi vida.
        Me acuerdo de la 1a borrachera.
        Me acuerdo del canto de la acera donde me rompí un diente en bicicleta.
        Me acuerdo de las 1as veces que salías hasta tarde (pasadas las 10 de la noche) siempre controlado por todas las madres y en el centro de la plaza del pueblo jugando a policías y ladrones).
        Y siempre que hablo con los oriundos de la zona les digo,? Te acuerdas cuando?.
        Mi pueblo es, Cuenca de Campos(Valladolid) el mejor pueblo del mundo mundial no hay color
        .

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  1. Sois pesadisimos con los veraneantes luego cuando no vamos que si no acordamos de nuestras raíces teneis un problema. Esto del confinamiento os ha hecho pensar que vosotros no podéis contagiar y si podéis porque vosotros también os movéis del pueblo

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