¿Sabés qué te digo? Hacéte un canutillo con…


Tengo un familiar lejano que vive en Buenos Aires desde que cumplió cuatro años. A pesar de llevar más de sesenta años avecindado en aquel país, el hombre no ha sido capaz de obtener la ciudadanía argentina, o no ha querido.

Un día le pregunté a ver cómo era que no tenía la nacionalidad del país. Me contó que lo intentó en diversas ocasiones, pero que cada vez que iba a presentar la documentación al juez, siempre faltaba algún papel. Me contó que hace pocos años hizo un último intento, pero cuando estaba delante del juez para firmar, otra vez de nuevo, faltaba un certificado.

Llegado a ese punto del relato, Miguelín que así se llama el susodicho te apunta con el dedo, eleva el tono de voz, y clavándote unos vivos ojos azules, en perfecto argentino simula dirigirse al juez:

– “¿Sabés que te digo? Hacéte un canutillo con la nacionalidad y te lo metés por el orto”.

Obviamente toda esa historia es un invento de Miguelín, que nunca llegó a hacer tramite alguno. Nunca necesitó la nacionalidad. Ni para vivir o trabajar en Argentina y, mucho menos, para que lo tratasen como a un nacional.

Yo, cada vez que viajo al país y lo veo, disfruto haciéndole la misma pregunta: “Pero a ver, paisano ¿cuéntame cómo es eso de que todavía no tienes la nacionalidad argentina?”. De nuevo él me vuelve a contar la historia, rematándola con el mítico final.

No me pueden negar que en la frase “Hacéte un canutillo…” se refleja toda una filosofía de vida.