Cuando la cultura importaba: las Misiones Pedagógicas.


Hace mucho, mucho, tiempo hubo un país, llamado España, donde la cultura y la educación importaban de verdad.

Considerando que para implantar un Estado democrático era necesario un pueblo alfabetizado, el gobierno proclamó la escuela mixta, laica, gratuita y obligatoria y proyectó una escuela en cada rincón del país.

Pensará el lector que le estoy tomando el pelo, pero no. Aunque duró muy poco, ese período histórico fue la II República Española (1931-1939). Quienes saben de historia, saben que pocos gobiernos han sido tan ambiciosos en el ámbito educativo como lo fueron los republicanos.

Considerando al alumno como el centro de la enseñanza, se intentó dotar las escuelas con los mejores maestros; en este sentido, uno de los objetivos era dignificar la carrera de maestro, mejorando su formación y salario. Inspirados en la Institución Libre de Enseñanza, la República se propuso construir miles de escuelas especialmente en aquellas comarcas rurales más olvidadas y pobres.

Una de las primeras medidas en el ámbito educativo fue la creación por parte del Presidente del Gobierno provisional de la República la creación del “Patronato de Misiones Pedagógicas”, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, y “encargado de difundir la cultura general, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural“.

Precisamente la entrada de hoy va sobre la labor de las Misiones Pedagógicas en la provincia de León. Como reconocía el preámbulo de la disposición anterior, se trataba “de llevar a las gentes, con preferencia a las que habitan en localidades rurales, el aliento del progreso y los medios de participar en él, en sus estímulos morales y en los ejemplos del avance universal, de modo que los pueblos todos de España, aun los apartados, participen en las ventajas y goces nobles reservados hoy a los centros urbanos”.

Las misiones más importantes fueron las del Valle de Valdeón en mayo de 1932 y la que recorrió los pueblos de la Cabrera en julio de ese mismo año. Precisamente, como vimos en una entrada anterior, la República prestó una atención especial a las comarcas más empobrecidas de la provincia de León. De cualquier modo y volviendo al tema que nos ocupa, tal y como reflejan las memorias, esta última Misión “fue recibida con entusiasmo indescriptible en todas partes, acudiendo a sus actuaciones hombres y mujeres desde largas distancias. Reúne a veces, en pueblos pequeños, como La Baña, más de un millar de personas, en sesiones nocturnas al aire libre“.

Los propios integrantes de la misión se ven sorprendidos por el grato recibimiento de los cabreireses tal y como quedó reflejado en la memoria: “Pombriego fué una revelación. En la Baña la gente se escondía de nosotros, no miraba al hablar, se pasmaba ante el gramófono y gritaba de susto cuando en una película apareció un tren corriendo en aparente dirección de ellos. En Pombriego los niños nos preguntaban, los mozos se desvivían por ayudarnos en cuantas cosas materiales podían, cargas y transportes; se bañaban en el rio con nosotros, cantaban, tenían gusto por la conversación y afán de saber cosas; una devoción por el maestro y la escuela como no hemos apreciado jamás. Todo fueron atenciones sin palabras, emoción sincera. Los niños de la escuela cantaban canciones regionales y recitaban a Enrique de Mesa. Nunca hemos hecho una actuación de Misiones tan a gusto como en aquel ambiente. Más del 75 por 100 de los vecinos desconocían el cine. Sin embargo, aplaudían con más calor los romances, y les interesaban sobre todo las charlas, que subrayaban con frases y comentarios (…)“.

En el marco de las misiones, hubo visitas de la Delegación de León a comarcas como San Emiliano o Murias de Paredes y Valle Gordo, y fueron creadas 140 bibliotecas rurales; en este sentido, León fue la provincia de España con más bibliotecas. También en Valdeón y La Cabrera depositaron un gramófono utilizado para realizar audiciones en las Escuelas y centros públicos; señala la Memoria de Posada de Valdeón: “Desde el mes de mayo que tuvo lugar la primera, fueron bastante frecuentes. El aparato ha estado por dos veces en todas las aldeas de este valle, permaneciendo cada vez quince días en cada una de ellas. En la primera vuelta las audiciones fueron casi diarias y después todos los días festivos. Debo hacer constar que estas audiciones musicales además de frecuentes, fueron animadas. Los oyentes no habrán sido nunca menos de ciento, alcanzando a veces hasta cerca de trescientos. Número considerable si se tiene en cuenta el carácter aldeano de esta comarca“.

Uno de los aspectos a destacar de las Misiones pedagógicas es que se proponían ir más allá de la labor educativa de la escuela, sensibilizando para “enriquecer el hogar emocional del niño, sus reacciones, y suscitar en él la emoción de lo trascendente, el sentido de lo humano y de lo suprahumano“. Por otro lado, la idea era que la escuela interesase a los padres y a las madres y que las enseñanzas organizadas respondiesen a sus inquietudes así como las bibliotecas, lecturas, audiciones y conferencias. Con el gramófono, el libro, el cinematógrafo, y todo lo que las «Misiones Pedagógicas» iban sembrando por los pueblos se pretendía unir escuela y pueblo, haciendo que la escuela fuese el eje de la vida social del lugar y el pueblo acabase sintiendo la escuela como algo propio.

En fin. Poco que ver con la función de la escuela hoy en día y la consideración que tienen los maestros tanto para el gobierno como para la gente… Y ¡qué decir del interés por la cultura!

Un amargo epílogo:

El 25 de agosto de 1936, apenas unas semanas después del golpe de Estado del general Franco, en una disposición publicada en el BOPL el Gobernador Civil de León exigía la colocación del crucifijo en las Escuelas, y mandaba sustituir los libros de las Bibliotecas creadas por las Misiones Pedagógicas  “por otros en los que resplandezca el amor a Dios, a la Patria y al Orden”. En noviembre, en una disposición más completa se mandaba “retirar e inutilizar los libros, folletos y opúsculos, revistas y periódicos comprendidos en los siguientes apartados: a) Todos los que se consignan en el Índice de la Congregación Romana del Santo Oficio. b) Los que aun cuando no estuvieren sean atentatorios a la Religión católica, moral y buenas costumbres. c) Los que signifiquen propaganda del socialismo, comunismo, anarquismo y masonería. d) Los que directa o indirectamente ataquen la unidad de la Patria Española“.

Lo peor no fue eso. Las reformas republicanas entusiasmaron a los maestros que se convirtieron en los mejores ‘evangelizadores’ del nuevo régimen. A la postre acabarían pagando muy caro este apoyo a la República: con la guerra civil y posterior represión franquista hubo 60.000 maestros ‘depurados’, aunque un número importante de ellos ya habían sido asesinados en los primeros días del golpe por falangistas y militares.

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